La fiesta de la Asunción

Obispo Kevin W. Vann

North Texas Catholic

8/17/2012

Obispo Kevin W. Vann

En este mes de agosto, dirigiendo nuestros pensamientos hacia los últimos días de las vacaciones de verano y el regreso a la escuela, la Iglesia centra su atención en una de las grandes celebraciones del año litúrgico:
la Asunción de la Virgen María. María tiene mucho que enseñarnos sobre el descanso y la contemplación, sobre todo cómo colocar lo verdaderamente importante en el centro de nuestras vidas.

Mientras en Texas el mes de agosto representa calor intenso y el regreso a la escuela, en Roma significa el mes de vacaciones para una gran parte de la población. Es como si el país entero tomara un suspiro colectivo
de alivio y se dirigiera a las montañas o a las playas. El corazón del mes es el 15 de agosto, o Ferragosto. Este es un día de descanso y diversión, cuando las familias disfrutan de tiempo juntos.

Rápidamente reconoceremos la fecha como la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María. El estado secular italiano nunca ha sido capaz de separarse por completo de las profundas raíces y cultura católica presentes en el pueblo. Es importante para nosotros que el día en que celebramos la entrada definitiva de María al cielo sirva como un día de descanso para el  pueblo.

Aquí en los Estados Unidos, y especialmente en Texas, tenemos una ética de trabajo muy fuerte. Debemos estar orgullosos de ello, y transmitirlo a las generaciones futuras. Al mismo tiempo, podemos caer en la trampa de siempre estar trabajando: cuando el trabajo mismo se convierte en lo más importante que tenemos que hacer, y empieza a definir quiénes somos. El trabajo es importante, pero hay más en la vida que el trabajo.

En una reciente entrevista realizada por Peter Seewald al Papa Benedicto XVI, publicada en el libro Luz del mundo, el Papa comenta la idea que debemos estar continuamente activos y ocupados. El Papa afirma: “Uno no debe sentirse obligado a trabajar sin descanso... no enfrascarse en el activismo signific;a el mantenimiento de la consideración, de la discreción un examen más profundo, la contemplación, tomarse tiempo para la reflexión interior, para la visión, tratar con las cosas que nos conciernen, quedarse con Dios, meditar sobre Dios”. El Papa hizo estos comentarios en relación a su trabajo de servir a la Iglesia, pero estas palabras son muy importantes para nosotros.

El Papa Benedicto XVI señala la necesidad de evaluar todo a la luz de Cristo. El trabajo constante y continuo nos puede llevar a la opinión de que somos verdaderamente responsables por nuestras propias vidas, que
somos los que proveemos para nosotros mismos, y podemos olvidarnos de lo verdaderamente importante: lo que tiene un valor duradero, lo eterno.

Las vacaciones y el descanso nos dan tiempo para la revaluación de nuestras vidas. Las vacaciones son un descanso de la rutina normal. Lejos de simplemente recargar nuestras baterías, para trabajar más al volver, las
vacaciones pueden ser un tiempo para poner las cosas más importantes primero. Aquí es donde la Santísima Virgen María y sus dos celebraciones en el mes de agosto nos pueden ayudar.

El 5 de agosto celebramos la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor. Después de que el Concilio de Éfeso declaró a María la Madre de Dios en el año 431, ocurrió algo milagroso en Roma. El Papa San Sixto III tuvo un sueño: se le reveló que él iba a construir una iglesia donde cayera nieve. Efectivamente, cayó nieve en la Colina del Esquilino durante el mes más caliente del año: agosto. Como residentes de Texas, realmente podemos apreciar lo extraordinario que sería si nevara aquí en agosto, y de igual manera en Roma. La iglesia fue construida y la milagrosa nevada todavía se conmemora cada año con el lanzamiento de pétalos de rosas blancas - un verdadero signo de nuestra comunión con el primer evento.

El segundo evento Mariano celebrado en agosto, es la Asunción de la Virgen María. Esta festividad fue establecida definitivamente por la Iglesia en el año 1950: el Papa Pío XII así lo hizo a través de la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus (El Más Generoso Dios), la cual establece: “La Inmaculada Madre de
Dios, la siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma al cielo”. Mientras que esta enseñanza de la Iglesia se definió recientemente, sería un error creer que esta verdad no se ha celebrado desde siempre en los corazones y las mentes de los fieles.

La Asunción de la Virgen María es uno de los temas más populares de los grandes mosaicos que se encuentran en las iglesias de Roma. La verdad de la Asunción se hace visible a través del arte sacro en los mosaicos de Santa María en Trastevere y Santa María la Mayor.

Vemos en la definición del dogma y en la vida artística de la Iglesia una hermosa armonía. Vemos la misma armonía en las Escrituras y la tradición. Las Escrituras nos hablan de la vida de María, quien guardaba los misterios de Cristo con mucho cariño, “meditándolos en su corazón” (Lucas 2:19). La Iglesia primitiva
nunca se olvidó de María, como se puede evidenciar en la Tierra Santa de Jerusalén, donde se encuentra la Iglesia de la Dormición de María, así como los sitios conectados a María en Nazaret y Belén.

Los mosaicos posteriores de la Virgen María, en la ciudad de Roma, señalan la vida de oración de la Iglesia hecha visible en el arte sacro. El evento de la Asunción se creyó y se convirtió en parte de la vida de la Iglesia. Este es un ejemplo de algo que me gusta llamar “Lex Credendi, Lex Orandi”: lo que se cree encuentra
su expresión en nuestra vida de oración — Nosotros creemos y oramos.

Esto nos trae de nuevo a nuestro punto de partida sobre el descanso, las vacaciones y el ver la vida a la luz de Cristo. Creemos que María vive con su Hijo, Jesucristo, en el cielo. Por lo tanto, su ejemplo es más que uno entre muchos: realmente sirve como una manera de creer, vivir y orar como un cristiano. María tomó tiempo para reflexionar sobre el misterio de Cristo. Vivía en el trabajo, pero este no la absorbió. Ella sabía sobre la tentación, pero nunca permitió que nada la separara del amor de Dios. 

Incluso en medio del calor de agosto en Texas, sigamos el ejemplo de nuestra madre, María: encontremos descanso en el Señor, y pongamos a Dios primero, sobre todas las cosas. 

En esta edición verán una sección dedicada a mi madre: su vida y su profesión como enfermera de maternidad e instructora. Hay una carta especialmente hermosa escrita por Nicki Prevou. En nombre de mi padre, y toda mi familia, quiero aprovechar esta ocasión para agradecer a tanta gente por su gran apoyo y sus oraciones. Para los que escribieron las notas individuales: ustedes van a escuchar de mí personalmente. Que Dios los bendiga y gracias a todos. La vida y muerte de mi madre, su velorio y Misa de Resurrección son un ejemplo vivo del Misterio Pascual y la Comunión de los Santos.

Que Dios siga bendiciéndolos a ustedes y a sus familias, y cuenten con mis oraciones.

En este mes de agosto, dirigiendo nuestros pensamientos hacia los últimos días de las vacaciones de verano y el regreso a la escuela, la Iglesia centra su atención en una de las grandes celebraciones del año litúrgico:

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