La solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Monseñor Kevin Vann

North Texas Catholic

6/15/2012

Obispo Kevin W. Vann

Queridos Hermanos y
Hermanas en Cristo,

En este mes de junio celebramos de nuevo la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esta gran fiesta eucarística reconoce la verdadera presencia de Cristo entre nosotros en cada celebración de la Eucaristía y en el peregrinaje de nuestra vida diaria. Jesús nos ha legado su presencia real, perpetua y sustancial en la Eucaristía, para que Él pueda estar continuamente presente en y trabajando a través de la Iglesia y de cada uno de nosotros para consagrar el mundo a Dios. Por eso llamamos la celebración de la Eucaristía la “Misa” — de la palabra latina missio, que significa “misión”, o “ser enviado”. Jesucristo viene a nosotros en la Eucaristía, completamente presente en su cuerpo, sangre, alma y divinidad para no sólo estar íntimamente presente para nosotros en su amor y misericordia, sino también para transformarnos y hacernos más parecidos a Él y salir al mundo a dar fe de Él y evangelizar. “Id en paz, glorificando al Señor en vuestra vida”.

En estos tiempos difíciles, al enfrentar muchos retos en nuestras vidas diarias, especialmente las amenazas recientes a la libertad religiosa, y amenazas a la vida y dignidad humanas prevalentes en nuestra cultura moderna, necesitamos aún más el poder transformador del Señor eucarístico para así poder salir al mundo y realmente hacer la diferencia, cambiarlo para bien. Sólo cuando realmente participamos y nos abrimos verdaderamente al Señor en cada Misa puede ocurrir esta transformación. Como dice el Papa Benedicto XVI:

Debemos trabajar juntos para celebrar la Eucaristía aún más profundamente: no solo como un rito, sino como un proceso existencial que me toca en las profundidades de mi ser, más que cualquier otra cosa, y me cambia, me transforma. Y, transformándome, también comienza la transformación del mundo que desea el Señor y por el cual Él quiere hacernos sus instrumentos.
                                —Reunión con el sacerdocio de la Arquidiócesis de Roma, 26 de febrero, 2009

La palabra Eucaristía también significa “acción de gracias”, y es en la celebración de la Eucaristía que la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, se reúne para dar gracias a Dios por el gran don de la salvación que se nos ha dado en Cristo. Durante la misa nos ofrecemos con Cristo como sacrificio vivo al Padre en el Espíritu Santo, pero específicamente un sacrificio de alabanza y acción de gracias por todo lo que Dios nos ha dado en Cristo: “Levanten sus corazones… demos gracias al Señor nuestro Dios”. Como dice el Catecismo:

La Eucaristía es un sacrificio de acción de gracias al Padre, una bendición por medio de la cual la Iglesia expresa su gratitud a Dios por todas sus bondades, por todo lo que ha conseguido con la creación, redención y santificación. Eucaristía significa primero que todo “acción de gracias”. (1360)

Así, pues, esta Fiesta de Corpus Christi, que aparece en el calendario litúrgico de la Iglesia antes del inicio de la segunda parte del Tiempo Ordinario, nos da la ocasión perfecta para reflexionar sobre la acción de gracias y la gratitud hacia Dios, especialmente para todos aquellos que han servido en distintos ministerios en nuestras parroquias, misiones, e instituciones por estos últimos meses. Mayo y junio están llenos de tantas celebraciones: confirmaciones, primeras comuniones, graduaciones de nuestras escuelas católicas, ordenaciones de diáconos y sacerdotes, y más. Ninguno de estos eventos de gracia pudieran haber ocurrido sin la fiel presencia, dedicación y horas de trabajo de nuestros sacerdotes y diáconos parroquiales, ministros pastorales, directores de RCIA, catequistas, patrocinadores y tantos otros. A todos ellos, durante el tiempo de reflexión en la Eucaristía de la Fiesta de Corpus Christi — debemos agradecerles personalmente por todo lo que han hecho. Yo quiero agradecer personalmente a todos ustedes que trabajan tan fiel e incansablemente haciendo el trabajo de Cristo en las parroquias. Por su presencia y dedicación, traen a Cristo a todas las vidas confiadas a ustedes, y continúan constru-yendo el Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

También quiero enfatizar fuertemente el lugar central de la Eucaristía en cualquiera de nuestros ministerios y trabajo en la Iglesia. Como nos enseña el Concilio Vaticano II, la Eucaristía es la “fuente y cúspide de la vida cristiana”. Por lo tanto, la Eucaristía es también la fuente y cúspide de nuestro ministerio y actividad en la Iglesia — nuestra comunión con la presencia real de Cristo, la fuente de nuestra fuerza y poder que nos anima y fortalece para lo que el Señor nos ha llamado a hacer. Como enseña el Papa Benedicto XVI:

¡Cuán importante es el lazo entre la misión de la Iglesia y la Eucaristía! De hecho, la acción misionera y evangelizante es la difusión apostólica de amor que está, por así decirlo, concentrada en el más santo sacramento. Quien recibe a Cristo en la realidad de su cuerpo y sangre no puede mantener ese don para sí mismo, sino es llevado a compartirlo como valeroso testigo del Evangelio, sirviendo a hermanos y hermanas en momentos de necesidad, perdonando ofensas. Para algunos de ellos, entonces, la Eucaristía es la semilla de una llamada específica a dejarlo todo e ir a proclamar a Cristo ante aquellos que todavía no lo conocen.
                                                                                                        — Angelus, 23 de octubre, 2005

Esta es también una época del año con muchos cambios, frecuentemente, para nuestras parroquias y sus sacerdotes. Todo esto es motivo de reflexión sobre quiénes somos como el Cuerpo de Cristo: no una parroquia o institución individual, sino parte del gran Cuerpo de Cristo que es la comunión de la Iglesia. Y en tiempos de cambio hay momentos de gracia y bendición mientras el Señor continúa trabajando en nuestras vidas para construir su Cuerpo aquí en la tierra. Como las procesiones eucarísticas de Corpus Christi — nos mantemenos caminando hacia el objetivo de una unión más profunda con Cristo y su Iglesia, y la vida eterna, porque a fin de cuentas todo se trata de la salvación:

Por esta razón, la fiesta de Corpus Christi está caracterizada particularmente por la tradición de llevar el Santísimo Sacramento en procesión, un acto de completo sentido. Al llevar la Eucaristía por las calles y plazas, queremos sumergir en nuestras vidas el pan manado del cielo. Queremos que Jesús camine con nosotros, que viva con nosotros. Nuestro mundo, nuestra existencia, debe devenir en su templo. En este día de fiesta, la comunidad cristiana proclama que la Eucaristía es su todo, su verdadera vida, la fuente de vida que triunfa sobre la muerte.
                                                                          — Papa Benedicto XVI, Angelus, 18 de junio, 2006

Pido a Dios porque todos ustedes tengan un verano lleno de regocijo y bendiciones, y ustedes y sus familias permanecerán en mis oraciones.

En este mes de junio celebramos de nuevo la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esta gran fiesta eucarística reconoce la verdadera presencia de Cristo entre nosotros en cada celebración de la Eucaristía y en el peregrinaje de nuestra vida diaria. Jesús nos ha legado su presencia real, ...

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