Industrias de crecimiento de América Latina podrían ser cuestión de vida o muerte

Por Barbara J. Fraser

Catholic News Service

9/12/2013

LIMA, Perú (CNS) -- El gas, el petróleo, los minerales y la madera que han impulsado el crecimiento económico de América Latina durante la última década se están convirtiendo en una cuestión de vida o muerte en las comunidades aisladas, dicen los trabajadores eclesiásticos.

"Para la gente que está defendiendo sus recursos naturales y territorio ante a la minería los peligros son grandes”, dijo a Catholic News Service el padre jesuita Ismael Moreno, director de Radio Progreso en Honduras, el 5 de septiembre. "La semana pasada hubo tres asesinatos en algunas comunidades indígenas tolupanes en la parte noreste del país porque organizaron una protesta contra el proyecto minero de una empresa canadiense”.

Esas muertes se añadieron a otros asesinatos y amenazas contra líderes comunitarios y los trabajadores eclesiásticos que los acompañan según las empresas mineras y otras industrias incursionan en zonas tradicionalmente ocupadas por pequeños agricultores, muchos de los cuales son indígenas.

Las economías de América Latina han crecido significativamente durante la última década, con mucho del crecimiento impulsado por las llamadas "industrias extractivas", tales como la minería, la maderería y la producción de petróleo y gas. En la mayoría de los casos los países exportan las materias primas, perdiendo el potencial de los ingresos del procesamiento y la fabricación.

Eso los hace vulnerables a los ciclos de "bonanza y caída", cuando bajas en los precios de las mercancías dejan los países con menos ingresos.

Pero aunque los gobiernos insisten en que atraer industrias extractivas extranjeras es crucial para generar los ingresos que necesitan para programas sociales, carreteras, sistemas de comunicaciones y otra infraestructura, la gente que vive cerca de los proyectos, que en muchos casos son granjeros pobres e indígenas, temen ser dejados con problemas ambientales, tales como agua contaminada, durante mucho tiempo después que las empresas cierran y se mudan.

Las protestas por las minas han resultado en represiones violentas por parte de la policía en países como Perú y Ecuador, así como en Honduras y Guatemala.

El año pasado en Perú los trabajadores de una oficina eclesiástica de derechos humanos que investigaban la violencia relacionada con las protestas fueron detenidos en una estación de la policía nacional ubicada dentro de la propiedad de una compañía minera. Hasta entonces, hasta los funcionarios del gobierno local de la zona de Sicuani decían no sabían que la policía nacional tenía una oficina en los predios de la mina.

La violencia relacionada con la minería es una de las razones por las cuales los jesuitas de Estados Unidos están enviando a Honduras una delegación en septiembre para examinar los problemas, dijo Shaina Aber, directora de políticas de la Oficina de Ministerios Sociales e Internacionales de la Conferencia Jesuita en Washington.

Aber dijo que su oficina está alarmada "debido al nivel de violencia. Llega un punto donde uno puede contratar a alguien para matar a otro por el equivalente a $15". Otra preocupación, ella dijo, es "el uso de policías y mercenarios y sicarios para (aplicar) los intereses de partes poderosas”.

Más tarde en septiembre los jesuitas de toda América Central planifican reunirse con trabajadores eclesiásticos, líderes comunitarios, académicos y representantes de grupos no gubernamentales para examinar cómo las industrias extractivas están afectando las comunidades en toda esa región. A eso le seguirá una reunión de toda América Latina en Brasil a principios del próximo año, dijo padre Moreno.

Líderes eclesiásticos también están promoviendo el trabajo conjunto sobre temas ambientales en la cuenca del Amazonas, región altamente diversa biológicamente compartida por nueve países.

Trabajadores eclesiásticos en los varios países están atendiendo problemas tales como la deforestación, la contaminación de la extracción petrolera, la contaminación ambiental y la violencia relacionada con la minería agresiva de oro y el desplazamiento de personas a causa de la construcción de represas, dijo el arzobispo Pedro Barreto Jimeno de Huancayo, Perú, quien dirige el departamento de justicia y solidaridad del consejo episcopal latinoamericano, CELAM.

Ecuador tiene una red de trabajadores eclesiásticos en sus regiones amazónicas y Brasil tiene un ministerio amazónico que incluye un equipo móvil, dijo el arzobispo Barreto. Pero el ministerio en la región amazónica -- complicado por las distancias, las dificultades de viajar por una región con pocos caminos y múltiples culturas y lenguajes y a veces la amenaza de violencia -- en muchos casos consiste de esfuerzos aislados.

Con la red "esperamos que haya una mayor sinergía y tengamos un mayor impacto en nuestros gobiernos y en las sociedades de nuestros países", dijo el arzobispo Barreto a CNS.

La red ambiental amazónica se enfocará tanto en "la ecología humana como en la física", él dijo señalando que problemas tales como la deforestación y la contaminación afectan particularmente los pueblos indígenas que viven en el bosque.

Algunos observadores están particularmente preocupados por los impactos en las tribus nómadas que evitan el contacto con el mundo exterior.

En Ecuador, el presidente Rafael Correa decidió en agosto permitir la perforación mediante un controversial contrato de arrendamiento petrolero de terrenos que solapan el Parque Nacional Yasuní. La zona también es habitada por los pueblos tagaeri y taro-menani, que generalmente evitan contacto con extranjeros, y el pueblo huaorani, que vivía en aislamiento hasta hace varias décadas.

En marzo un conflicto entre los grupos nómadas y asentados terminó con la muerte de dos personas huaorani y un ataque en represalia en el cual un grupo huaorani capturó a dos niñas de la tribu nómada. Algunos observadores temen que los disturbios causados ??por la extracción petrolera en la zona podrían aumentar la probabilidad de tales enfrentamientos.

Algunos observadores también temen que los conflictos en el sureste de Perú, donde el consorcio de empresas que opera el terreno arrendado Camisea para gas natural está expandiendo hacia una reserva para grupos nómadas. Durante los últimos dos años algunas de esas personas se han acercado a los colonos o a guardias del parque pidiendo comida o ropa.

Algunos funcionarios gubernamentales han negado la existencia de los pueblos nómadas o han tomado sus gestos como señal de que ellos también quieren asentarse en comunidades, aunque otros observadores dicen que estos están siendo exprimidos por madereros ilegales, deforestación para agricultura y operaciones de petróleo de gas en áreas que cada día son más pequeñas.

"Puede que no haya muchos de ellos, pero existen", dijo Adda Chueca, directora del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica, de Lima, que ayuda a los obispos del país en asuntos amazónicos e indígenas. "Esta es gente que se mueve por ahí y necesita protección. Entrar con maquinaria para la exploración los pone en riesgo serio. El mero contacto podría matarlos" porque carecen de resistencia a enfermedades que son comunes en el resto de la población. 

LIMA, Perú (CNS) -- El gas, el petróleo, los minerales y la madera que han impulsado el crecimiento económico de América Latina durante la última década se están convirtiendo en una cuestión de vida o muerte en las comunidades aisladas, dicen los trabajadores eclesiásticos.

Published
Back