El papa hace llamado a arrepentimiento por trato a migrantes

Por Cindy Wooden

Catholic News Service

7/12/2013

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) -- Antes de decir una palabra públicamente, el papá Francisco se persignó y arrojó una corona de flores blancas y amarillas al mar Mediterráneo a la memoria de los estimados 20,000 inmigrantes africanos que han muerto durante los últimos 25 años intentando alcanzar una nueva vida en Europa.

Solo horas antes que el papa Francisco llegara a la isla italiana Lampedusa el 8 de julio, la guardia costera italiana acompañó otro bote que llevaba inmigrantes al puerto de la isla.

Los 165 inmigrantes, uno de los cuales dijo que eran originalmente de Malí, habían pasado dos días en el mar haciendo el cruce desde el norte de África; los inmigrantes fueron acompañados hasta un centro gubernamental de recepción, instalación asegurada donde 112 personas, la mitad de ellos menores de 18 años de edad, ya estaban siendo alojados. La mayoría será repatriada, aunque algunos podrían recibir el estado de refugiados.

Durante la homilía de una Misa al aire libre el papá Francisco dijo que decidió visitar Lampedusa, una isla pequeña con una población de 6,000 a solamente 70 millas de Túnez, después que vio titulares periodísticos en junio describiendo el ahogamiento de inmigrantes en el mar.

"Esos botes, en vez de ser un medio de esperanza, fueron un medio de muerte", él dijo.

Llevando vestimenta púrpura, como la usada durante la Cuaresma, y ??usando las oraciones de la Misa por el Perdón de los Pecados, el papá Francisco dijo que las muertes de los inmigrantes son "como una espina en el corazón", lo que lo llevó a ofrecer oraciones públicas por ellos, pero también a intentar despertar la conciencia de la gente.

"¿Quién es responsable de la sangre de estos hermanos y hermanas nuestros?", preguntó el durante su homilía. "Todos nosotros respondemos: ‘Yo no fui. No tengo nada que ver con eso. Fueron otros, ciertamente no yo’”.

"Hoy nadie se siente responsable de esto", él dijo. "Hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraternal" y estamos actuando como los del Evangelio que vieron el hombre que había sido golpeado, robado y abandonado en el camino medio muerto pero siguieron caminando.

"Quizás pensamos 'oh, pobre alma’", pero seguimos nuestro camino", dijo el papa.

"La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar solamente en nosotros mismos, nos hace insensibles al llanto de los demás", dijo el papá Francisco añadiendo que la globalización de la economía mundial en muchos casos ha llevado a "la globalización de la indiferencia".

Aun así, el papa elogió a los muchos residentes de Lampedusa, así como a los voluntarios y a los oficiales de seguridad pública que hacen lo que pueden para ayudar a los inmigrantes a llegar a sus costas.

Tradicionalmente los pescadores y operadores de turismo, la gente de Lampedusa, han pasado décadas abordando el impacto de las llegadas de inmigrantes y las batallas políticas debido a las normas de inmigración.

Cuando el mar está en calma, especialmente cuando hay guerras y agitación política en el norte de África, los desesperados les pagan a traficantes para que les den un espacio en un bote que se dirige a Europa. Usualmente los botes son destartalados y peligrosamente sobrecargados.

Después de bajarse del bote de la guardia costera que lo llevó al mar, el papá Francisco saludó personalmente a más de 50 inmigrantes. Uno de ellos, hablando en árabe, le dijo al papa que él y sus compañeros de viaje habían tenido palabras con varios traficantes antes de llegar a Italia.

El papa Francisco dijo ante la multitud en la Misa que los traficantes "explotan la pobreza de otros" y que son "personas para las cuales la pobreza de otros es una fuente de ingresos".

La Misa estaba llena de recordatorios de que Lampedusa es ahora sinónimo de los peligrosos intentos de llegar a Europa: el altar fue construido sobre un pequeño bote; el cayado pastoral que el papa usó fue tallado en madera reciclada de un barco naufragado; el atril también fue hecho de madera vieja y tenía el timón de un barco montado en el frente; y hasta el cáliz, aunque enchapado en plata, fue tallado de la madera de un barco naufragado.

"¿Quién entre nosotros ha llorado" por los inmigrantes, por los peligros que enfrentaron y por los miles que murieron en el mar”? preguntó el papa. "La globalización de la indiferencia nos ha robado la capacidad de llorar".

"Pidámosle al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad en el mundo, en nosotros mismos y hasta en aquellos que anónimamente toman decisiones socioeconómicas que abren el camino a tragedias como esta", dijo el papa Francisco.

Explicando porqué escogió una liturgia penitencial, el papa dijo: "Pedimos perdón por nuestra indiferencia hacia tantos hermanos y hermanas" y por la forma en que el bienestar ha "anestesiado nuestros corazones".

Además, el papa oró por el perdón de "aquellos que con sus decisiones en el nivel global han creado situaciones que llevan a estas tragedias".

La Organización de las Naciones Unidas ha criticado Italia por las condiciones en el centro de recepción en Lampedusa, del cual dice que que puede alojar 190 personas. La ONU también ha cuestionado el rápido procesamiento italiano, el cual ve solamente un puñado de inmigrantes recibiendo el estado de refugiados y el resto siendo volado de vuelta a Libia, el punto usual de embarque, en cuestión de días.

A su vez, otros países europeos se han quejado de que Italia no patrulla las fronteras europeas lo suficientemente bien como para mantener fuera los inmigrantes que no tienen permiso legal para entrar a sus países.

Giusi Nicolini, alcaldesa de Lampedusa, dijo a reporteros que tenía esperanzas de que la visita del papa Francisco "cambie la historia. Europa, con sus normas de migración, ha evitado el problema hasta ahora, fingiendo no ver la inmensa tragedia de los viajes de esperanza cruzando el Mediterráneo".

El papa, ella dijo, "ha hecho visible lo invisible, restaurándole a los migrantes la dignidad que los países siempre les han negado".

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) -- Antes de decir una palabra públicamente, el papá Francisco se persignó y arrojó una corona de flores blancas y amarillas al mar Mediterráneo a la memoria de los estimados 20,000 inmigrantes africanos que han muerto durante los últimos 25 años intentando alcanzar una nueva vida en Europa.

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