El Obispo Stephen Berg, sacerdote de Fort Worth, ordenado e instalado como obispo de Pueblo, Colo.

Por Joan Kurkowski-Gillen

Corresponsal

Fotos por Donna Ryckaert

3/10/2014

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El Arzobispo metropolitano Samuel J. Aquila de la Provincia de Denver ordena el Monseñor Stephen Berg al episcopado.

En presencia de su madre, nueve hermanos, un tío y el Obispo Emérito Joseph L. Charron de Des Moines, Stephen J. Berg fue ordenado el quinto obispo de la Diócesis de Pueblo, Colorado, durante una Misa el 27 de febrero en la que se celebró la fe y la familia.

La multitud que llenó los 1,600 asientos del Memorial hall de Pueblo incluyó un gran contingente de la Diócesis de Fort Worth, donde el nuevo obispo recibió las órdenes sacerdotales en 1999, y sirvió como párroco y administrador diocesano hasta la ordenación del nuevo obispo de Forth Worth, Michael F. Olson, el 29 de enero. El 15 de enero, el Papa Francisco designó al nativo de Miles City, Montana, como obispo de la Diócesis de Pueblo.

Nueve miembros de la familia Ingler viajaron desde una zona rural del norte de Texas para presenciar la ceremonia en la que su párroco fue consagrado Obispo.

“Fue importante para nosotros asistir y apoyarlo en su nuevo ministerio de servicio a Cristo”, dijo Chance Ingler, miembro de la Iglesia de San José de Nocona. “Fue una hermosa ceremonia y él es un gran hombre. Nuestra pérdida, es una ganancia para Pueblo”.

Michelle Hoover de Aledo, prima hermana del Obispo Berg, fue una de los 50 familiares que viajaron a Colorado para la ordenación.

“Quería estar presente. Estoy tan orgullosa de Steve”, dijo la Parroquiana del Santísimo Redentor. “El encontrarse con otros familiares fue una parte maravillosa de esta celebración. Pero me apena un poco que se aleje de Fort Worth”.

El celebrante principal, el Arzobispo metropolitano Samuel J. Aquila, de la Provincia de Denver, celebró el rito sagrado de imposición de las manos y recitó la plegaria de la ordenación, asistido por los co-consagrantes, los Obispos Charron y Michael Sheridan de Colorado Springs, quienes también habían servido como administradores apostólicos de Pueblo. La imposición de las manos con el crisma sagrado — que simboliza la efusión del Espíritu Santo — y la presentación del Libro de los Evangelios y del anillo episcopal, la mitra y el báculo se completó bajo el crucifijo de 15 pies construido especialmente para la ocasión por el carpintero local, Michael Cora. El cuerpo de cinco pies y medio que Cora colgó de la cruz fue un préstamo de la Iglesia de San Pío X de Pueblo.

El Obispo Olson participó en la liturgia, junto con otros 15 colegas obispos, 100 sacerdotes y 60 diáconos. Más de una docena de los miembros del clero eran de la Diócesis de Fort Worth.

Uno de los sacerdotes visitantes fue el Padre Kyle Walterscheid, párroco de la Parroquia de Beato Juan Pablo II de Denton, que estudió para el sacerdocio con el nuevo obispo en el Seminario de la Asunción de San Antonio.

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El Monseñor Berg yace postrada en frente del alter antes su ordenación como obispo.

“Nuestras lecturas de Cuaresma nos piden que seamos conscientes de ser siervos humildes, compasivos y misericordiosos, y el Obispo Berg es así. Se identifica con lo que el Papa está tratando de traer al ministerio”, comentó el Padre Walterscheid, su amigo de muchos años. “No hay ninguna duda de que será una persona que es obispo para el pueblo, y también para sus sacerdotes”.

En su homilía, el Arzobispo Aquila les recordó a los feligreses que a los obispos se les confía la misma misión que Jesucristo les encomendó a los apóstoles.

“Ellos son los sucesores de los apóstoles”, les explicó. “A través de las generaciones y hasta el presente, hay esa ininterrumpida sucesión en la Iglesia para que continúe proclamando la verdad de Jesucristo”.

El arzobispo consagrante le aconsejó al Obispo electo Berg que formara una conexión estrecha entre él y los sacerdotes en la diócesis.

“Ellos serán sus más esenciales colaboradores”, le aseguró. “Trate de conocerlos y amarlos como Cristo amó a los apóstoles”.

Un obispo debe crear la misma familiaridad con el pueblo de Dios en su diócesis. Parafraseó entonces las palabras del Papa Francisco cuando les dijo a los obispos que ellos y los sacerdotes debían ser los pastores que huelen como sus ovejas, y se involucren en las vidas del pueblo bajo su cuidado, especialmente los pobres y aquellos que no conocen a Cristo.

“Siga los pasos de Jesús y abrace las cruces que encontrará en su camino”, señaló el arzobispo al terminar. “Quiera Dios que se convierta en la imagen del Buen Pastor”.

Varios amigos y familiares de Berg fueron invitados a participar en la Misa de la ordenación. Lucas Pollice, previo director de la Catequesis de adultos de la Diócesis de Forth Worth, que ahora vive en Denver, fue el lector de la segunda lectura, la 1.ª Carta a Timoteo. Las sobrinas y sobrinos del Obispo presentaron las ofrendas en el Ofertorio.

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El tío del Obispo Berg, el Obispo Emérito Joseph L. Charron del Diócesis de Des Moines, Iowa, quien fue uno de los co-consagrantes principales, impone las manos a su sobrino.

La Hermana Frances de la Cruz, una Clarisa Capuchina del Padre Celestial, leyó en español la primera lectura de Isaías. Esta comunidad religiosa de Pueblo es una orden de clausura, pero las hermanas viajaron desde su monasterio para esta ocasión especial.

“Oramos fervorosamente al Señor para que nos envíe un nuevo pastor, y Él respondió a las plegarias de mucha gente”, dijo la religiosa. “Vinimos para conocer al nuevo obispo”.

 Al final de la Misa de Ordenación, el Obispo Berg se dirigió a la congregación y reconoció a las personas que lo formaron y guiaron durante su camino de fe.

“Los que ustedes ven en esta sección representan mucho de mi pasado y las razones por la cuales estoy aquí”, indicó mientras señalaba con un gesto las filas de asientos centrales del auditorio, llenos de gente de Montana, Texas, y California.

Dijo que su participación en las vidas de tantos familiares y amigos es un “regalo” y distinguió con un reconocimiento especial a su madre, Jeanne, de 88 años, y a su padre fallecido, Conrad Berg, que hicieron muchos sacrificios para criarlo y educarlo.

A medida que un capítulo nuevo de su vida comenzó a revelarse en las semanas recientes, el Obispo Berg dijo que había procesado los cambios recordando el pasado.

“Pero estoy aquí para el futuro, y estoy aquí para la gente de Pueblo”, afirmó.

No dejó ninguna duda de que asumirá sus responsabilidades con la total determinación de su corazón. El nuevo obispo les dijo a los parroquianos de su nueva diócesis: “soy suyo”.

La Diócesis de Pueblo cubre partes del sur y del oeste de Colorado (cerca de la mitad del estado), es geográficamente inmensa, con una extensión de 48,100 millas cuadradas, pero es escasamente poblada. Las parroquias están separadas por distancias grandes, algunas completamente aisladas. Los católicos representan un 10% de la población.

El diseño de su nueva diócesis le recordó al Obispo Berg de su experiencia como párroco rural en el que servía las necesidades de cuatro parroquias, dispersas en el norte de Texas.

“Veo que algunos de ustedes tienen seis, siete u ocho parroquias y misiones, dijo, dirigiéndose a un gran grupo de sacerdotes diocesanos vestidos de blanco. “Quiero decirles que los conoceré y escucharé. Vamos a trabajar juntos”.

Mientras se familiarice con su nuevo papel de obispo de Pueblo, el que fue previamente instructor universitario de música y ejecutivo corporativo en la industria de viveros, pidió que rezaran por él.

“Usted me sorprendió mucho con su llamada el pasado diciembre”, dijo el Obispo Berg, dirigiéndose al Arzobispo Carlo Maria Viganò, nuncio apostólico en los Estados Unidos, quien fue el que le informó al Monseñor Berg que el Papa Francisco lo había designado obispo de Pueblo.

“Les prometo a ustedes, como lo hice antes al Santo Padre, que les ofreceré todo mi ser”, afirmó, mientras la asamblea aplaudió demostrando su aprecio.

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Bp-elect-Berg-Portrait-BUTTON.jpgAquellos que fueron testigos de la ordenación sacerdotal de Stephen Berg, el 15 de mayo del 1999, recuerdan la tierna atmósfera familiar que se hizo presente en la iglesia. El nuevo sacerdote en ese momento recordó la ceremonia como habiendo sido “solemne, elegante y llena de gracia”; sin embargo, para la mayoría de los observadores, el cálido espíritu de la liturgia superó la majestuosidad característica de las ordenaciones.

Bp-Berg---Bp-Charron-laying-hands-BUTTON.jpgEn presencia de su madre, nueve hermanos, un tío y el Obispo Emérito Joseph L. Charron de Des Moines, Stephen J. Berg fue ordenado el quinto obispo de la Diócesis de Pueblo, Colorado, durante una Misa el 27 de febrero en la que se celebró la fe y la familia. La multitud que llenó los 1,600 asientos del Memorial hall de Pueblo incluyó un gran contingente de la Diócesis de Fort Worth, donde el nuevo obispo recibió las órdenes sacerdotales en 1999, y sirvió como párroco y administrador diocesano hasta la ordenación del nuevo obispo de Forth Worth, Michael F. Olson, el 29 de enero. El 15 de enero, el Papa Francisco designó al nativo de Miles City, Montana, como obispo de la Diócesis de Pueblo.

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