La Diócesis ordena dos nuevos sacerdotes el 9 de junio

Joan Kurkowski-Gillen

Fotografía por Juan Guajardo

North Texas Catholic

6/15/2012

 

Manuel Holguín, nacido en México, y Michael Moloney, nacido en Irlanda

“Yo siempre supe que el iba a ser sacerdote”.


Los recién ordenados padres Moloney, a la izquierda, y Holguín, a la derecha, concelebran la Misa con el obispo Vann. El diácono James Wilcox asiste.

Los recién ordenados padres Moloney, a la izquierda, y Holguín, a la derecha, concelebran la Misa con el obispo Vann. El diácono James Wilcox asiste.

Dos familias, originarias de diferentes esquinas del mundo, expresaron ese mismo sentimiento mientras esperaban en la Catedral de San Patricio el 9 de junio, para la ordenación de Cruz Manuel Holguín Ogaz y Michael Eugene Gerard Joseph Moloney a la Sagrada Orden de Presbítero. Sentada en el banco del frente en la catedral, Guadalupe Ogaz radiaba de orgullo mientras tocaba la vestimenta dorada que su hijo Manuel pronto iba a llevar puesta. “Yo estoy muy agradecida, feliz, entusiasmada y orgullosa”, dijo la chihuahuense nacida en Jiménez. “Este es el primer sacerdote en nuestra familia. Es una bendición y será un buen ejemplo para los nietos”.

Al otro lado de la nave, Marian Laningham y Ellen Fung recordaban el largo camino de su hermano al sacerdocio. Durante su carrera como doctor en medicina, Michael Moloney estaba tan preocupado con las causas subyacentes de la enfermedad de su paciente como con la enfermedad misma.

“No estamos sorprendidas de la vocación de Michael. Sabíamos que eventualmente iba a llegar allí. Su interés por la Iglesia es algo que notamos desde sus 13 o 14 años”, dice Marian, quien dejó el condado de Waterford, en Irlanda, siguiendo a su hermano a Houston en 1979. “El cuestionaba espiritualmente a todos en la familia”.

Familiares y amigos de los dos hombres llenaron la catedral en el centro una mañana de sábado para presenciar la imposición del sacramento de las santas órdenes por el obispo de Fort Worth, Kevin Vann, durante una misa llena de simbolismo y esplendor. La multitud de admiradores aplaudió espontáneamente cuando el obispo anunció: “Confiando en la ayuda de Dios Nuestro Señor y nuestro salvador Jesucristo, escogemos a estos, nuestros hermanos, para la orden del sacerdocio”.

El obispo Vann toma las manos del padre Holguín entre las suyas como signo del voto de obediencia de este último al obispo en su rol como sacerdote sirviendo la Iglesia Católica en la Diócesis de Fort Worth

El obispo Vann toma las manos del padre Holguín entre
las suyas como signo del voto de obediencia de este último
al obispo en su rol como sacerdote sirviendo la Iglesia
Católica en la Diócesis de Fort Worth.

Luego de un examen de los candidatos y promesa de obediencia, los diáconos Holguín y Moloney se postraron frente al altar en un acto de sumisión mientras la congregación rezaba la Letanía de los santos. Levantándose de la oración, los hombres fueron a arrodi- llarse ante el obispo. En el momento más solemne del rito de la ordenación, el obispo Vann puso sus manos sobre cada diácono mientras oraba por los dones del Espíritu Santo. El antiguo signo de la ordenación continuó cuando los demás sacerdotes presentes pusieron sus manos sobre cada candidato.

Al canto de Veni Creator Spiritus, por el coro de la catedral, cada uno de los sacerdotes recién ordenados se invistió de estola y casulla, asistido por los padres vestidores Kyle Walterscheid, David Bristow y Jim Pemberton. El rito continuó cuando el obispo Vann ungió las palmas de los hombres con el Santo Crisma — un signo visible de la eternidad de su sacerdocio.

En la homilía, el obispo Vann explicó cómo el camino de la fe de ambos diáconos comenzó en lugares diferentes del mundo pero eventualmente encontró su hogar en la Diócesis de Fort Worth.

“Los dos caminos de fe y familia en Irlanda y México han sido un viaje espiritual donde la llamada del Señor os ha guiado hasta aquí para predicar el Evangelio y construir el Cuerpo de Cristo con valor y amor”, continuó el obispo.
Dirigiéndose a los diáconos, el obispo Vann expresó que la Sagrada Escritura es más que palabras en una página.

“Debe estar viva en vuestras vidas y formar vuestro ministerio de sacerdocio”, advirtió. “Sean pastores que siempre tengan un corazón para su gente en momentos de necesidad. Alaben a Dios en sus vidas, siempre colocando su fe en Él”.

Su ministerio debe recordar a la gente una y otra vez, “¿de dónde venimos y hacia Quién vamos?”

El recién ordenado padre Holguín bendice a su madre.
El recién ordenado padre Holguín bendice a su madre.

“El estandarte de Nuestra Señora de Guadalupe, llevado por el pueblo mexicano, nos muestra un camino a seguir desde este momento”, añadió. “María, como Madre de Dios — ya sea conocida como Nuestra Señora de Guadalupe o Nuestra Señora de Knock — es un modelo de discipulado para ustedes. Ella nos enseña una y otra vez a confiar en Dios, a regocijarnos siempre en cuanto Él ha hecho en nuestras vidas y a siempre cumplir con lo que su Hijo nos pide”.

Vidas, vividas en santidad, llevarán la santidad a los otros.

“Michael y Manuel, al celebrar misa, escuchar confesiones, bautizar, presenciar matrimonios y más, siempre digan ‘si’ completamente y sin reservas a cuanto el Señor les pida”, aconsejó. “Vuestras vidas, vividas en santidad, llevarán a la santidad de aquellos a quienes ustedes sirvan y cuiden”.

Luego de la misa, familiares y amigos se reunieron en el salón parroquial a recibir una bendición de los nuevos sacerdotes. Algunos habían viajado desde sitios tan remotos como Nueva York, Oklahoma y el oeste de Texas para presenciar la ordenación.

Vicki Estrada lideró un contingente desde la Iglesia Cristo Rey en Lubbock, que vino a felicitar al padre Moloney. El grupo entabló amistad con el médico ahora sa-cerdote hace 10 años, cuando era miembro de su grupo de estudio de la Biblia.

Presenciar la ordenación de un amigo cercano la hizo llorar de emoción.“El siempre era muy espiritual y compasivo. Nosotros pensábamos que sería muy buen sacerdote desde mucho antes de que él se diera cuenta de su vocación”, dijo Estrada.

"Yo estaba tan feliz por el”, dijo ella, emocionalmente, durante la recepción. “Fue un honor recibir su bendición”.

Rolando Monroy viajó desde Oklahoma con sus hijos, Leonel y Erix, para poder reencontrarse con su amigo de la infancia, el padre Holguín. Ambos crecieron en el mismo pueblo en México y cursaron estudios medios juntos.

“Ver a alguien con quien creciste convertirse en sacerdote es un buen sentimiento”, dijo Monroy. “Me sorprendió, pero fue una buena sorpresa”.

Ambos padres, Moloney y Holguín, celebraron su primera misa en presencia de familiares al día siguiente, el domingo de Corpus Christi.

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“El tiene mucha gente que lo quiere y estamos muy orgullosos”, dijo María Pardo, la hermana del padre Holguín, quien presenció su primera misa en la Iglesia de la Inmaculada Concepción.

El padre recién ordenado sirvió su año de diaconato en esa parroquia de Denton, y continuará sus obligaciones como vicario parroquial. Durante la misa, llevaba la vestimenta dorada que le regaló su familia.

El padre Moloney celebró su primera misa en la Catedral de San Patricio, donde servirá como vicario parroquial a partir del primero de julio. Entre sus planes inmediatos está el ir a visitar a su madre de 84 años de edad, Anna, y su hermano, Tom, quienes viven en la finca lechera familiar en Irlanda.

Visitando desde Houston, Marian Laningham notó un cambio en su hermano, Michael.

“A pesar de tener muchos quehaceres, se siente mucho más en paz”, dijo ella. “Quiero creer que esto es el trabajo del Espíritu Santo en el”.

Dos familias, originarias de diferentes esquinas del mundo, expresaron ese mismo sentimiento mientras esperaban en la Catedral de San Patricio el 9 de junio, 

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