Ciudadanos Fieles y la Formación de la Conciencia: Primera Parte

por Obispo Michael F. Olson

North Texas Catholic

10/9/2020

 

En enero tuve la oportunidad de viajar a Roma con los otros obispos de Texas, Oklahoma y Arkansas para nuestra visita Ad Limina, durante la cual fuimos a orar a las tumbas de los apóstoles y mártires, nos reunimos para discutir la realización de la misión del Evangelio en nuestras respectivas diócesis y nos encontramos con el Santo Padre. En ese encuentro el Santo Padre nos ofreció sabios consejos sobre la formación de la conciencia de los fieles, especialmente con respecto a la responsabilidad política de los ciudadanos.

El Papa Francisco aconsejó, “primero oren y luego aconsejen a la gente que oren por sabiduría; entonces, articulen como Obispos, siendo los Sucesores de los Apóstoles, lo que Cristo enseña en el Evangelio y la doctrina según el Depósito de la fe, transmitida fielmente a lo largo de los siglos. Continúen rezando y no le digan a la gente por qué partido o candidato votar, especialmente cuando les exijan que lo hagan”.

Mi observación es que muchas personas omiten con frecuencia el primer y esencial aspecto de la formación de la conciencia: la oración centrada en Cristo y bajo el Espíritu Santo. Cuando las personas omiten este paso esencial, reducen rápido la integridad del Evangelio en su totalidad a una mera serie de cuestiones fragmentadas que, si bien son buenas en sí mismas, llevan a la persona a racionalizar e ignorar otras cuestiones que son igualmente esenciales para el Evangelio e inherentes a la dignidad de la persona humana, que ha sido creada a imagen y semejanza del Dios Trino. En poco tiempo nuestras preferencias partidistas comienzan a adquirir la característica de la religión que se apodera de nuestro corazón, en lugar de la plenitud del Evangelio revelado en Jesucristo y transmitido fielmente por la Iglesia.

En nuestro corazón existe un trono para que Cristo se siente con soberanía. Si no lo invitamos a Él a ocupar el lugar que le corresponde allí, otra cosa lo hará. Sin Cristo como el centro de nuestras vidas a través de la oración y el estudio, cualquier otro valor o asunto, sin importar cuán inherentemente bueno sea, puede convertirse pronto en un ídolo falso que nos dominará.

La auténtica oración a Cristo, guiada por el Espíritu Santo, nos salva de adoptar una postura de relativismo al incorporar la virtud de la prudencia dentro de nuestro carácter. Es a través de la prudencia que podemos reconocer las acciones intrínsecamente buenas como distinguibles de las acciones que son intrínsecamente malas. Es también a través de la prudencia que podemos reconocer cuando las circunstancias convierten una acción que era intrínsecamente buena en una mala. Si ponemos en práctica la prudencia, que hayamos nutrido a través de la oración y las buenas obras, entonces podemos estar seguros de que toda buena acción tenga como objetivo fundamental el amor a Dios y al prójimo. Por lo tanto, las “cuestiones de prudencia” en la política nunca deben simplificarse como opcionales o prescindibles al compararse con otras cuestiones que son siempre y en todo lugar imperativas.

Podemos ver que tenemos la responsabilidad cívica de votar con una conciencia bien formada, pero además no se puede perder de vista que nuestra responsabilidad cívica se extiende más allá de simplemente emitir un voto. Es siempre también nuestra responsabilidad como católicos de orar con caridad por nuestros funcionarios electos, especialmente si no son de nuestra preferencia. Esto incluye responsabilizar a nuestros funcionarios electos de sus acciones; incluye pagar nuestros impuestos y contribuciones; incluye que estemos dispuestos a servir para apoyar las acciones sociales, pero no gubernamentales, y ayudar a nuestro prójimo, en particular a nuestros hermanos y hermanas vulnerables; e incluye una disposición de gratitud y respeto por aquellas personas que están dispuestas a sacrificarse y a servir por el bien común al ocupar cargos electos.

El Catecismo de la Iglesia Católica declara, “Pertenece a la misión de la Iglesia emitir un juicio moral, incluso sobre cosas que afectan al orden político cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas”. (CIC 2246)

Esta elección concierne a muchos derechos humanos fundamentales: ante todo, el derecho a la vida y otros derechos humanos esenciales que dependen del derecho a la vida.

Como su Obispo, les pido que oren por la guía del Espíritu y que visiten el sitio web de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para leer su declaración sobre la formación de la conciencia para ser ciudadanos fieles y, por favor, voten.

En enero tuve la oportunidad de viajar a Roma con los otros obispos de Texas, Oklahoma y Arkansas para nuestra visita Ad Limina, durante la cual fuimos a orar a las tumbas de los apóstoles y mártires.

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