La Ley de Igualidad no se Trata de la Igualidad o Dignidad Humana

Por Obispo Michael F. Olson, STD, MA

North Texas Catholic

6/8/2021

El Capitolio de Estados Unidos se ve en Washington el 9 de enero de 2021. (Foto cns/Tyler Orsburn)


La Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó en marzo de este año la Ley de Igualdad por un margen de dieciocho votos. Esta legislación modificaría la Ley de Derechos Civiles del 1964 y pretende abordar cuestiones de discriminación por la orientación sexual y la identidad de género en muchas áreas de la vida pública. La Ley de Igualdad incluye una disposición para impedir que la Ley de Restauración de la Libertad Religiosa del 1993 ofrezca ningún tipo de protección a las comunidades religiosas para insistir en las excepciones a la nueva ley a causa de sus creencias.

La Iglesia enseña, y siempre ha enseñado según la enseñanza que el mismo Jesús nos dio, que cada persona humana está creada a imagen y semejanza de Dios y posee una dignidad irrevocable independientemente de su género, raza, color, nacionalidad o cualquier otra característica distintiva. Por tanto, toda persona debe ser tratada con respeto y entendida como igual en dignidad. Es basado en la dignidad de la naturaleza humana lo que impulsó a la Iglesia en los Estados Unidos a trabajar activamente por la aprobación de la Ley de Derechos Civiles del 1964, que puso fin a la segregación racial legalmente sancionada.

La Iglesia sostenía entonces, como siempre lo ha hecho y lo hace ahora, que la igualdad de las personas ante la ley es un punto de justicia al que todas las personas razonables deberían aspirar, pero cuando las ideas falsas sobre la naturaleza de la persona humana se incorporan a la ley, entonces lo que sigue es una terrible tiranía. En el caso de la Ley de Igualdad, la falsedad en cuestión se encuentra en la novedosa afirmación de que la persona humana es un intelecto incorpóreo y que posee un conjunto de deseos que luego pueden determinar la identidad de género del individuo y definir el significado del cuerpo, tanto para uno mismo como para los demás, sin ninguna referencia al sexo biológico. Si esta extraña interpretación de la naturaleza humana se consagra en ley por la Ley de Igualdad, entonces cualquier costumbre o práctica en cualquier lugar de los Estados Unidos que conecta la identidad o actividad humana con el sexo biológico se volverá ilegal, y los militantes comenzarán inmediatamente a utilizar la rama judicial del gobierno como una porra para imponer la sumisión a la afirmación de que Dios no creó a los seres humanos como hombre y mujer.

La disforia de género es real y para quienes la experimentan, la vida puede ser muy difícil. Los profesionales de todas las disciplinas relevantes deben ayudar a las personas con disforia de género a encontrar un camino hacia la paz en sus vidas, y todos debemos ser pacientes y comprensivos con aquéllos que se sienten existencialmente fuera de lugar en sus propios cuerpos y tratarles con el mismo respeto que le damos a todas las personas. Ese enfoque de comprensión y respeto no puede incluir que estemos de acuerdo con la falsa afirmación de que el género es una preferencia puramente personal y una construcción cultural desconectada del sexo biológico del cuerpo. Cabe señalar que la Iglesia está dispuesta a ayudar a detener toda discriminación injusta de cualquier grupo, pero no a expensas de la verdad, la opresión de la libertad religiosa, la persecución de otros grupos de personas y, muy especialmente, el poner en peligro a los niños y adolescentes vulnerables.

Esta ley obligaría a las atletas a competir contra los hombres que se identifican como mujeres. Requeriría además que los profesionales médicos hagan operaciones y ofrezcan terapias de cambio de sexo, incluso si viola sus creencias religiosas y su conciencia, y aún si fuera en contra de su propio juicio médico. Las agencias de adopción también podrían correr el riesgo de verse obligadas a colocar a los niños con parejas del mismo sexo, incluso si esto viola sus creencias y las de la madre biológica. Nuestras escuelas se verían obligadas a proporcionar baños y vestuarios unisex para los niños y adolescentes. La enseñanza del Evangelio y la razón recta de que los actos homosexuales son antinaturales e inmorales serían censurados falsamente como un discurso de odio por los mandarines del mundo académico, el periodismo, el entretenimiento, las grandes empresas de tecnología, ciertas corporaciones y los anarquistas. Esta falsa acusación de discurso de odio hace que sea cada vez más urgente que hablemos con valentía la Verdad de Cristo con amor y nunca por miedo, ira, resentimiento, arrogancia o desprecio por otras personas. No obstante, digan la Verdad a toda costa.

Por favor, les pido que oren conmigo y que se unan a mí para pedir valientemente a nuestros senadores que no aprueben la Ley de Igualdad. Recemos por la paz y el bien común de nuestra República.

 

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Editor's Note: La USCCB tiene un enlace rápido para contactar a los legisladores sobre este tema: votervoice.net/USCCB/campaigns

 

La Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó en marzo de este año la Ley de Igualdad por un margen de dieciocho votos. Esta legislación modificaría la Ley de Derechos Civiles del 1964 y pretende abordar cuestiones de discriminación por la orientación sexual y la identidad de género en muchas áreas de la vida pública.

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