Ciudadanos fieles: Cómo hacer que su voz profética se escuche durante esta temporada electoral

por Susan Moses

North Texas Catholic

10/9/2020

(NTC/Juan Guajardo)

El Padre Balaji Boyalla, SAC, va a celebrar un momento muy importante en su vida: su primera oportunidad de votar en una elección presidencial de los Estados Unidos.

El párroco de la Parroquia de San Miguel de Bedford, que es oriundo de la India, se convirtió en ciudadano estadounidense el 10 de marzo del 2019. El sacerdote palotino vio la mano de Dios en acción durante su jornada hacia la ciudadanía estadounidense. El proceso para obtener la visa, luego, la tarjeta verde y más tarde, calificar para la ciudadanía “fue muy fácil. Quizás Dios me llamó a trabajar aquí en este país desde hace mucho tiempo”, dijo.

Como ciudadano creo que: “Mi primera responsabilidad es votar. Voy a votar. No me lo voy a perder. Todo el mundo debería votar. Así es como podemos hacer oír nuestra voz profética, como Isaías”.

La Iglesia Católica tiene mucho que decir sobre las responsabilidades que implica la ciudadanía fiel, una de ellas de mayor importancia es el deber de votar. Sin embargo, la Iglesia no les dice a sus fieles por cuál partido o candidato en particular deben votar. En cambio, la Iglesia ve su papel “en la formación de la conciencia y la correspondiente responsabilidad moral de cada católico de escuchar, recibir y actuar según la enseñanza de la Iglesia en la tarea de por vida de formar su propia conciencia”, según se declara en el documento Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles, una reflexión y llamado a la responsabilidad política de cada católico emitida por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

Esas enseñanzas son el lente a través del cual deben verse los candidatos y las cuestiones políticas, y las mismas se basan en los cuatro principios básicos de la doctrina social católica: la dignidad de la persona humana, la subsidiariedad, el bien común y la solidaridad.


En este tiempo y lugar

Nuestra responsabilidad y deber como católicos de hacer que nuestras voces se escuchen en la arena pública depende de dónde y en qué tiempo vivimos, explicó el Dr. David Upham, profesor de política estadounidense de la Universidad de Dallas.

En los primeros siglos después de la Resurrección de Cristo, los cristianos vivieron bajo un despotismo centralizado y no tuvieron la oportunidad de participar en el gobierno. Las prioridades de los primeros católicos fueron vivir el Evangelio, difundir el Evangelio y evitar la persecución, a menudo sin éxito.

Pasemos rápido las páginas de la historia de nuestra Iglesia a los católicos que viven hoy día en los Estados Unidos. El Dr. Upham declaró: “La realidad en que nos encontramos en este momento, según la providencia de Dios, es que somos una gran — significativamente grande — minoría en una república libre. Todavía tenemos una enorme autoridad política. Nos guste o no, compartimos el trono”.

“Cuando Dios en Su providencia nos convierte en co-monarcas, a pesar de que individualmente somos uno de los 300 millones de habitantes, probablemente entonces tendremos el deber de tratar de cuidar de esta comunidad de la cual somos ciudadanos con lo que tengamos: nuestra voz, nuestro dinero si tenemos alguno (en consonancia con nuestras otras obligaciones) y nuestro voto”, continuó diciendo.

El profesor, que es feligrés de la Parroquia de San Francisco de Assisi de Grapevine, citó tres ejemplos de cuando las voces y los votos católicos fueron “capaces de mantener cierta luz en medio de la oscuridad” durante el siglo anterior: contra la esterilización coercitiva de los criminales y las personas mentalmente discapacitadas, contra el aborto, y la lucha a favor de la igualdad racial.

El profesor agregó: “A menudo no se habla de eso en este momento, pero a mediados del siglo XX, una de las instituciones públicas más prominentes a favor de la desegregación fue la Iglesia Católica”, que desafió las leyes que prohibían el matrimonio interracial más de 20 años antes de que el Tribunal Supremo emitiera su dictamen al respecto.

(NTC/Juan Guajardo)


El Dr. Upham dijo que los obispos estadounidenses están a la vanguardia en la defensa del bien común y la dignidad de cada persona. En su papel de obispos, tienen la autoridad y el deber de hablar sobre los asuntos de la fe y la moral de acuerdo con el magisterio de la Iglesia.

El profesor y abogado señaló que los obispos, ejerciendo su autoridad magisterial, enfatizan “principios como el deber de la comunidad de buscar y proteger el bien común, y que el elemento principal del bien común es la protección de la vida de los inocentes, incluyendo el deber de proteger la vida de los seres humanos, incluso antes de haber nacido”.

Además, el Dr. Upham añadió que un determinado obispo puede hablar además sobre cualquier situación particular de una comunidad en su papel de ciudadano prominente.


Los cuatro pilares

Si la Iglesia Católica no prescribe cómo votar a sus miembros, ¿qué ayuda puede ofrecer la Iglesia en la cacofonía que se encuentra en la publicidad del año electoral, las redes sociales y los informes contradictorios de las noticias?

El Padre John Robert Skeldon, rector de la Catedral de San Patricio, dijo que la Iglesia aporta “siglos de reflexión ética y moral sobre los principios fundamentales como el bien común, la solidaridad entre las personas y la dignidad humana de la persona”.

Durante siglos de enseñanza, además de los cientos de encíclicas papales, documentos del Vaticano y declaraciones de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, la Iglesia Católica ha expuesto los cuatro pilares o principios de la doctrina social católica, que son “expresión de la verdad íntegra sobre el hombre conocida a través de la razón y de la fe” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 160). La dignidad de la persona humana, la subsidiariedad, el bien común y la solidaridad, en conjunto, “anclan el compromiso católico de defender la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, a la obligación moral fundamental de respetar la dignidad de cada persona como hijo o hija de Dios” (Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles, 40).

La dignidad de la persona humana comienza con el derecho a la vida, que comienza en la concepción. La santidad de la vida humana está amenazada por el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido, la pena de muerte, la clonación humana, la fertilización in vitro y la destrucción de los embriones humanos para la investigación científica.

El Reverendísimo Obispo Michael Olson afirmó que: “Debemos comenzar con el respeto y la protección del derecho inviolable a la vida, y nosotros, como católicos, no podemos quedarnos ahí. Respetar el derecho inviolable a la vida significa que debemos continuar respetando y defendiendo los demás derechos humanos necesarios que dependen del derecho a la vida. No podemos considerar que la indispensable y justa oposición a todos los ataques directos a la vida humana, especialmente el aborto, sea suficiente en sí misma para cumplir nuestra responsabilidad de promover la justicia. Es también erróneo relativizar el aborto alegando que es sólo uno de varios temas políticos igualmente importantes”.

La enseñanza católica sobre la dignidad de la vida obliga a los fieles a oponerse al racismo, la tortura, la guerra injusta y la trata de personas. La comprensión del carácter sagrado de la vida nos llama a esforzarnos por combatir el hambre, la pobreza y el sufrimiento.

(NTC/Juan Guajardo)


En sus homilías y cartas pastorales, el Obispo Olson habla con frecuencia sobre los derechos que se derivan de la dignidad de cada persona humana.

En su homilía del 20 de septiembre, el Obispo declaró: “Para ser claros, el derecho a la vida es el derecho humano preeminente que es establecido y otorgado por Dios mismo. Es el derecho del que dependen todos los demás derechos humanos”.

La subsidiariedad, en pocas palabras, significa comenzar con lo más pequeño. Reconoce que los asuntos deben ser manejados por la autoridad o institución competente más pequeña, o más baja. El respeto a la familia, que es la unidad fundamental de la sociedad, debe ser considerada al establecerse las políticas y programas de una comunidad, y deben defenderse y fortalecerse los derechos y las responsabilidades de los padres de cuidar a sus hijos”.

“El principio de la subsidiaridad nos recuerda que las instituciones más grandes de un país no deberían abrumar o interferir con las instituciones que son más pequeñas o tienen carácter local. Sin embargo, las instituciones más grandes tienen responsabilidades esenciales cuando las instituciones locales no pueden adecuadamente proteger la dignidad humana, responder a las necesidades humanas y promover el bien común” (Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles, 48).

El bien común es “el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno, y más fácil de la propia perfección” (Gaudium et Spes, 26).

“Más allá del derecho a la vida, cada ser humano tiene un derecho fundamental que hace posibles todos los demás derechos, y el derecho a tener acceso a aquellas cosas que requiere la decencia humana: alimento y albergue, educación y trabajo, cuidado médico y vivienda, libertad religiosa y vida familiar”, declararon los obispos de los Estados Unidos en Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles.

Los obispos alientan en este documento a los católicos a mirar más allá de sus propios intereses al ejercer su derecho al voto y considerar el bien común, lo que incluye garantizar que el sistema económico esté al servicio de la gente, y no al contrario; y observar el deber de cuidar de la creación de Dios.

La solidaridad confiere particular relieve a la igualdad de todos como una sola familia humana, independientemente de nuestras diferencias nacionales, raciales, étnicas o socioeconómicas.

Como católicos hemos de promover la paz y buscar la justicia; hemos de acoger al forastero entre nosotros y atender a los más pobres, débiles y necesitados.

“Una prueba moral básica para cualquier sociedad es la forma en que trata a los más vulnerables” (Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles, 53).

El Reverendísimo Obispo Olson, en su editorial de la edición de septiembre-octubre de North Texas Catholic, alentó a los fieles de la Diócesis de Fort Worth a leer antes de las elecciones el documento de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles (FaithfulCitizenship.org). La declaración de los obispos no sólo describe los cuatro pilares de la doctrina social católica, sino que además resume cómo estos principios se pueden aplicar a más de una docena de cuestiones de nuestra sociedad, que incluyen desde la educación hasta los medios de comunicación.

El documento se publicó por primera vez en el 2007 y se sigue publicando cada cuatro años antes de las elecciones presidenciales.
 

El punto de partida

Antes de llevar nuestro conocimiento de la doctrina social católica a las urnas de votación, debemos orar. El Obispo Olson, el Padre Skeldon y el Padre Boyalla enfatizaron la gran importancia de la oración.

Además de rezar por una adecuada formación de la conciencia, el Padre Boyalla también mencionó la necesidad de hacer oración constantemente para que se haga la voluntad de Dios, para que buenos líderes gobiernen el país y que el pueblo actúe moralmente por el bien común de la sociedad. “Debemos orar por nuestro país todos los días. Es una responsabilidad que fue reconocida por San Pedro y San Pablo”, dijo el sacerdote.

El Padre Skeldon recomendó leer el Compendio de la doctrina social de la Iglesia para obtener una comprensión más profunda de la doctrina social católica. El estudio de las Escrituras también ayuda.

El sacerdote añadió que “Encontramos en la Biblia todas estas historias de acoger o recibir al forastero, al Otro, precisamente en su condición única, en honor a su dignidad”.

Explicó que el Otro incluye tanto al bebé por nacer como al inmigrante indocumentado. Ambos merecen el respeto, la acogida, y ser recibidos debido a su dignidad como personas humanas creadas a imagen y semejanza de Dios.

El Padre Skeldon sugirió que el estudio de las Escrituras “podría ser una manera de ayudar a la gente a entender que ‘Quizás necesito soltar el pensamiento grupal, el pensamiento tribal, el pensamiento partidista en el que estoy adoctrinado y permitir que el cuadro general, más amplio, sea el foco’”.
 

El Partidismo

Las divisiones en la sociedad creadas por una atmósfera política excesivamente partidista pueden ser destructivas. El Padre Boyalla ha visto situaciones en las que miembros de la iglesia, hermanos y hermanas, o incluso marido y mujer, se separan porque apoyan a diferentes candidatos o partidos políticos.

“Estamos llamados a orar juntos como una sola familia, y la política puede crear separación en la familia de la Iglesia, por lo que siempre es bueno buscar ser el pueblo de Dios en la Iglesia que es Una, dejando la política a un lado”, comentó.

(NTC/Juan Guajardo)


“No obstante, los fieles católicos están llamados a algo más que simplemente evitar la división. Están llamados a ser constructores de paz”, dijo el párroco.

“Deberíamos además servir como agentes de reconciliación en una sociedad políticamente dividida. No debemos convertirnos en partidistas”.

“Las diferencias políticas o personales no deberían interponerse en nuestra forma de pensar, hablar o hacer en aras del bien común. Ningún interés personal debe perturbar nuestra obra por el bien común”, continuó diciendo el Padre Boyalla.

Al igual que el Padre Boyalla, el Padre Skeldon denunció lo que llamó la “tribu de partido” que ha impregnado la sociedad estadounidense. Dijo que, cuando una persona se identifica más estrechamente con el partido político que con su propia identidad como católico, entonces el partido político es el que “establece los parámetros, los límites y las definiciones. Eso limita significativamente la verdad real de la doctrina y la enseñanza social de la Iglesia”.

El sacerdote indicó que los católicos pueden ser pacificadores en la esfera pública “al predicar, enseñar, vivir y hablar… sobre la plenitud de la doctrina y la enseñanza social católica, que es muy rica. Eso se puede llevar a la conversación y discusión pública”.

En el documento Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles los obispos estadounidenses reconocen que: “Estos cuatro principios y los temas relacionados de la doctrina social católica proporcionan un marco moral que no se ajusta fácilmente a las ideologías de ‘derecha’ o ‘izquierda’, ‘liberal’ o ‘conservadora’, o la plataforma de cualquier partido político. Los principios no son partidistas ni sectarios, sino que reflejan los pilares éticos fundamentales que son comunes a todas las personas”.

Por otra parte, el Obispo Olson dijo: “Tampoco podemos tergiversar el Evangelio de la Vida como sólo una parte de una plataforma partidista o de las posiciones fragmentadas de los candidatos políticos de cualquier partido político. Sucumbir a esta tentación haría que la Iglesia se subordinara al poder del estado mediante el respaldo público de los candidatos o la alineación de la Iglesia con cualquier partido político”.

El Padre Skeldon señaló además que, en la mayoría de los casos, ninguno de los candidatos representará la totalidad de la doctrina católica, lo que requiere que el votante católico posea una conciencia bien formada.

La votación puede parecer simple, pero desarrollar una conciencia bien formada es una tarea constante de toda la vida. Sin embargo, la Iglesia Católica posee un marco moral para defender la vida y la dignidad humana, y proteger a los débiles y vulnerables que nos ayuda a construir un reino de paz y justicia en todo momento, no sólo en los años de elecciones.

El Padre Boyalla, que se está preparando para su primera votación presidencial en los Estados Unidos, dio un consejo que durará más que el término de cualquier político de turno. Dijo: “Lo más importante es orar, reflexionar y buscar la voluntad de Dios en cada decisión que tomes”.

El Padre Balaji Boyalla, SAC, va a celebrar un momento muy importante en su vida: su primera oportunidad de votar en una elección presidencial de los Estados Unidos.

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