Maestros y También Esposos

María y Arturo Beltrán posan juntos en Nolan Catholic High School. (NTC/Matt Redden)
Se dice que un buen maestro siembra semillas de conocimiento que florecen para siempre. Arturo y María Beltrán cuentan con 44 años de experiencia docente combinada entre los dos en Nolan Catholic High School; y no sólo sembraron semillas, sino que cultivaron un hermoso bosque.
Arturo nació en Del Río y recuerda haber tenido una infancia maravillosa. El papel de disciplinario de su padre se complementaba con el de su madre, que cultivó la fe de los niños asegurándose de que asistieran a misa y a la escuela dominical.
La infancia de María fue muy diferente. Ella describe como turbulentos sus primeros años en Piedras Negras, Coahuila. A los nueve años, emigró con su familia a través de la frontera mexicana hasta Eagle Pass. Recuerda que “la fe de mi madre era fuerte. Nos enseñó desde muy pequeños que Dios es el centro de nuestras vidas”.
María y Arturo eran estudiantes de bachillerato en Texas State University en San Marcos y se conocieron en una clase de español. Además de su pasión por la cultura y el idioma español, descubrieron también que compartían la fe católica.
María se graduó con una doble licenciatura en español y psicología en mayo del 1985; y obtuvo una maestría en español en el 1987. Arturo se graduó en diciembre del 1985 con la aspiración de convertirse en intérprete.
El matrimonio Beltrán celebrará 40 años de matrimonio el 13 de septiembre del año en curso; un hito que atribuyen a su fe en Dios, que los ha guiado por el camino correcto, expresó María. “Nuestra fe ha crecido de diferentes maneras, pero nos ha llevado al mismo lugar”.
Arturo se alistó en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos al graduarse y la pareja pasó tres años en Guam, donde María se convirtió en maestra suplente de educación especial, una experiencia que le cambió la vida y la encaminó hacia la enseñanza.
Tras mudarse a Fort Worth en el 1992, Arturo consideró la posibilidad de dedicarse a la enseñanza, un cambio de carrera que atribuye a María. “Fue ella quien me inspiró, con un simple empujón”, dijo en broma.
Luego de enseñar español en una escuela secundaria de Fort Worth por tres años, Arturo fue contratado para impartir clases de español en Nolan High en el 2001. María llegó a Nolan en el 2007 tras enseñar durante 11 años en una escuela primaria de Fort Worth, seguidos de dos años en el campus de noveno grado de North Crowley.
Líderes de Nolan
Durante casi dos décadas, los Beltrán han trabajado juntos y su colaboración ha ayudado a los estudiantes a pasar de las clases de español para principiantes a clases avanzadas. “A los dos nos apasiona el español, los estudiantes y nuestra fe. Creo que eso es lo que nos hace exitosos”, explicó ella. “Tenemos intereses muy parecidos, pero personalidades diferentes. Eso se refleja en nuestros estilos de enseñanza”.
El enfoque docente complementario de la pareja es intencional. Como profesor de español de nivel 1, la naturaleza alentadora y divertida de Arturo fortalece la confianza de los estudiantes en el aprendizaje de un nuevo idioma.
“Intento preparar a los alumnos de primer año para lo que ella les va a enseñar y para las expectativas que ella tendrá”, Arturo añadió.
María, profesora de español de nivel avanzado, se basa en los cimientos establecidos por Arturo.
“Donde termina uno, empieza el otro”, afirmó. “Los preparo para la universidad y me centro en las habilidades que les permitirán triunfar en la vida y en su fe: responsabilidad, honor y honestidad”.
Geoffrey Calvin, profesor de latín y director del departamento de lenguas modernas y clásicas, lleva diez años impartiendo clases junto a los Beltrán.
“Admiro la relación que establecen con sus alumnos”, comenta Calvin. “Los Beltrán tienen más alumnos en sus clases que cualquier otro profesor de lenguas extranjeras, y aun así logran conectar personalmente con cada uno de ellos. Se necesita un profesor excepcional para, al mismo tiempo, exigir responsabilidad a los alumnos y transmitirles tanto cariño y atención”.
Más allá de las palabras
Además de la docencia, los Beltrán han sido coordinadores de lenguas modernas y clásicas, así como moderadores del Club de Español, la Sociedad de Honor de Español y el galardonado Ballet Folklórico La Vikina. Este último club, que comenzó con seis estudiantes en el 2018, casi ha triplicado su tamaño bajo la dirección de los Beltrán. “Requiere mucho tiempo, pero es sumamente gratificante”, aseveró María. “El ser un modelo que seguir para estudiantes de minorías o de entornos diversos me ha permitido ayudarles a comprender que, con fe y esfuerzo, pueden hacer realidad sus sueños”.
“Cuando María y Arturo iniciaron el programa de Ballet Folklórico, lo hicieron porque creyeron en una estudiante que tenía una idea maravillosa”, dijo Cindy Jung, subdirectora de Asuntos Estudiantiles. “Ver cómo cultivaban esa idea hasta convertirla en algo duradero me enseñó una lección importante: cuando realmente escuchamos a los estudiantes y los acompañamos, pueden surgir cosas increíbles”.
El legado de Arturo y María ha impactado a cientos de estudiantes y se sentirá por muchas generaciones en Nolan. “Ellos son un ejemplo del amor de Cristo para nuestros estudiantes, profesores y el personal a través de sus incansables esfuerzos dentro y fuera del aula, el cariño y la atención que brindan a sus estudiantes y el mutuo amor que tan claramente se tienen”, manifestó Calvin.
Arturo, de 65 años, y María, de 62, son feligreses de la Parroquia de St. Ann de Burleson, donde ayudaron a establecer una misa semanal en español. Sus planes de jubilación incluyen viajar y pasar un amoroso tiempo con sus tres hijos y cuatro nietos.
Con una nueva etapa de la vida a la vuelta de la esquina, los Beltrán tendrán siempre un lugar especial para Nolan en sus corazones. Arturo dijo que su recompensa es “el amor de los estudiantes, la pasión por los niños. No querría ir a ningún otro lugar”.
María está de acuerdo con su esposo y agregó: “Hemos sido bendecidos. Ha sido una verdadera bendición estar aquí; y lo voy a extrañar”.