Una meta más grande

Rafael (Rafa) Villela juega fútbol frente a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en la Parroquia de Holy Name de Fort Worth. (NTC/Juan Guajardo)
Los partidos inaugurales de la vigésima tercera edición de la Copa Mundial de la FIFA comenzaron en la Ciudad de México el 11 de junio. El Papa León XIV destacó antes del comienzo del torneo el valor del trabajo en equipo y la comunidad: “La vida no es una carrera para vivir de forma solitaria; es algo que se juega en equipo y hay que aprender a correr juntos”.
El valor del deporte trasciende la competencia para muchos católicos y puede señalar el camino hacia una relación más profunda con Jesucristo.
Una nueva meta
Desde que era niño Rafael (Rafa) Villela hacía todo lo posible por jugar fútbol en un pequeño rancho de San Luis Potosí, México. Sin embargo, aprender a no convertir el deporte en el centro de su vidase le hizo muy difícil.“Yo quería estar con Dios, pero siempre terminaba poniendo al fútbol como mi prioridad”, admitió.
El joven de 24 años reflexiona sobre cómo llegaba a volverse emocionalmente dependiente de las victorias y derrotas del juego. “Si me iba bien un fin de semana y metía goles, andaba bien contento toda la semana. Pero si no metía goles, andaba enojado y frustrado.”
A pesar del éxito en el trabajo y en la el campo de juego, Villela sentía que algo le faltaba. Recordó haberle pedido a Dios que “Él me ayudara a salir de esa depresión y que yo le iba a servir a Él de alguna otra forma”.
Mientras cubría a un compañero de equipo durante un partido en una fría tarde, Villela sufrió un accidente cuando un jugador enorme chocó contra él. El golpe le fracturó la clavícula.
El joven decidió mientras se recuperaba que finalmente había llegado el momento de acercarse a Dios y comenzó a asistir a Misa diaria en la Parroquia de Holy Name of Jesus de Fort Worth. “A lo mejor, es momento de decirle sí”, recuerda pensando.
Poco después comenzó a servir como lector y se integró al grupo de jóvenes adultos de la parroquia. Dejó las ligas más competitivas pero continúa jugando en un club local y procura aplicar la disciplina del deporte a su vida de fe.
Al enfrentar ahora las victorias y las derrotas, recuerda una lección que aprendió tanto a través del fútbol como de la fe. “Siempre hay que poner a Dios en primer lugar, y luego lo demás, porque Dios siempre va a estar ahí”.
En su camiseta lleva Romanos 8:31: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
Villela expresa que espera seguir fortaleciendo su fe; esto podría ser difícil de lograr, pero que vale completamente el esfuerzo. “Me doy cuenta de que la verdadera felicidad está aquí”, afirma Villela. “La paz que me da, el gozo ... aquí me siento pleno de verdad.”
Un mismo objetivo
Daniel Sánchez de la Parroquia de Holy Redeemer de Aledo se unirá este verano a las decenas de miles de aficionados que asistirán a los partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en el Dallas Stadium de Arlington.
El joven de 28 años dará la bienvenida a los visitantes como voluntario de la FIFA, una oportunidad que surgió de su trabajo con un club local de fútbol.
Sánchez comentó que su fe renovada y su amor por el fútbol crecieron a la misma vez. Después de sentirse aislado y espiritualmente desorientado durante la pandemia, señala que el regresar al Centro Católico de St. John Paul II (JP2) en Denton le recordó la parábola del hijo pródigo.
“Estaba perdido, pero fui encontrado. Todos mis amigos en JP2 realmente me ayudaron. ... Allí fue donde se reactivó mi amor por el fútbol y mi fe”, asevera. Allí se integró a un club comunitario de fútbol y encontró amistades con estudiantes católicos de la parroquia universitaria.
“Realmente llegué a conocerme a mí mismo y a descubrir quién es Dios”, afirma Sánchez. “Simplemente estar allí en JP2 y trabajar con el club de fútbol me ayudó a definir mejor mi propósito”.
Refiriéndose al lema de la FIFA de que el fútbol une al mundo, Sánchez señala que, al igual que el deporte, “realmente creo que el catolicismo une al mundo. ... Todos estamos juntos por un mismo objetivo y ese objetivo es llegar al cielo”.
Sánchez manifiesta que espera con entusiasmo dar la bienvenida a los visitantes que llegarán al estadio. “Sólo le doy gracias a Dios porque me ha brindado una oportunidad maravillosa”.
Pese a que Sánchez espera que Argentina gane la copa este año, su fe y sus valores no dependen del resultado final. “Hay cosas que no van a salir como uno quiere. Tal vez, no sea lo que esperabas, pero de alguna manera sí terminan funcionando”, dice.
Sánchez explica que la oración y un momento de calma pueden ayudar a quienes se dejan llevar por la intensidad de la competencia.
“Nosotros los hispanos tratamos el fútbol como si fuera cuestión de vida o muerte”, confiesa Sánchez, y anima a los aficionados exaltados a “poner cualquier problema que puedan estar teniendo en las manos de Dios”.