Siervo firme

North Texas Catholic
(6 de enero de 2023) Noticias-Locales

Anastasio “Tacho” Pérez en Nuestra Señora de Guadalupe en Wichita Falls. (NTC/Juan Guajardo)

“No tienes hambre”.
Esto parece ser un comentario extraño al comenzar una conversación mientras almuerzas.

En el 1980 Juan Porras era joven y bastante nuevo en su trabajo en Lone Star Gas Company en Wichita Falls. Anastasio “Tacho” Pérez era un trabajador bien establecido en la empresa de servicios públicos, ya que llevaba dos décadas en su trabajo.

Cuando continuaron su conversación, Porras se dio cuenta pronto de que Pérez no estaba hablando meramente de su apetito. Pérez le compartió su propia observación: Porras no mostraba ningún deseo de avanzar en la empresa y sólo cumplía con los requisitos mínimos de su trabajo.

“Me animó a tener aspiraciones, a mejorar cada día”, dijo Porras, quien dijo que esa conversación a la hora del almuerzo inició una amistad de 40 años. “Él me enseñó que todo lo bueno viene a través del trabajo”.

A medida que crecía su amistad, Pérez invitó a Porras a ir a la iglesia con él. Pérez lo animó también a convertirse en monaguillo, lo que Porras hace todavía hoy.

“Lo respeto como un mentor, como maestro. Me ayudó a regresar a la Iglesia”, dijo el feligrés de Nuestra Señora de Guadalupe.

Porras está en un camino diferente al que tenía cuando era joven, “gracias a Dios y a través de él”, dijo agradecido. 

 

CONSEJOS VIVOS

Pérez ha vivido según su propio consejo.

No sólo ascendió de excavador de zanjas a soldador calificado durante su carrera de 41 años con Lone Star Gas. Tacho creció además en su fe y eventualmente se convirtió en diácono, lo que fue una tarea abrumadora para un padre trabajador de seis hijos que no asistió a la escuela secundaria.

Pérez abandonó la escuela después del sexto grado y trabajó en diferentes restaurantes, y hasta vendió periódicos para ayudar a ganar dinero para mantener a su familia y su madre enferma. Más tarde se inscribió en un programa de educación continua de Midwestern State University en Wichita Falls y obtuvo el G.E.D.

Él y su esposa, Rosa, se casaron y asistían a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Pérez nutrió su fe con los sacramentos, los retiros y las clases de ministerio laico. Estuvo en el primer grupo de Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión, que fueron capacitados e instalados por la Iglesia en el 1975.

Cuando tenía casi 50 años aceptó una invitación para ingresar al programa de formación diaconal.

El trabajo académico del programa le resultó muy abrumador a Pérez. Nos comparte, “Luché con eso. Yo no estaba demasiado educado. Le dije a mi esposa después de los primeros seis meses de haberlo comenzado, “Creo que lo voy a abandonar. No creo que pueda lograrlo’”.

“Sin embargo, mi esposa me dijo: ‘Tengo fe en que lo lograrás. Te ayudaré. No te preocupes por eso’. Ella siempre me ayudó. Ella iba conmigo a las clases. De esa manera, lo logramos”, añadió.

Con su determinación y arduo trabajo, el apoyo de su esposa y la gracia de Dios, Pérez fue ordenado diácono en el 1995 y lo asignaron a servir en su propia parroquia.

 

SIGUE SIRVIENDO 

Convertirse en diácono fue un trabajo duro, pero ser diácono es pura alegría, según el Diácono Pérez.

En enero celebrará su cumpleaños 92 y todavía sigue sirviendo, lo que lo convierte en el diácono activo de mayor edad de la Diócesis de Fort Worth.

El Diácono Pérez es un pilar esencial en la vida de su parroquia. Sirve en las Misas dominicales, oficia funerales y vigilias del rosario, visita a los enfermos, brinda asesoramiento y preparación para el matrimonio, instruye a los candidatos de RICA y lleva la Comunión a los fieles que no pueden salir de sus casas. 

Durante el período inicial de la pandemia de coronavirus, la parroquia limitó su servicio de diaconado para reducir su posible exposición al virus. Las restricciones frustraron al Diácono Pérez, aunque entendió que dichas medidas tenían el fin de protegerlo.

Sirve actualmente en la Misa dominical, oficia en los entierros y vigilias, visita a los enfermos y asiste a un grupo espiritual para personas mayores entre semana, tras haber pasado el rol de liderazgo a otro miembro del grupo.

“Cuando me llaman estoy siempre listo para ir a servir. Lo que el sacerdote quiera que yo haga, lo haré”, dijo.

El diácono habla inglés y español con fluidez, y le gusta predicar cuando el párroco se lo permite.

Elearza Olguín, que sirve como acólito en la parroquia, se maravilla de que el Diácono Pérez predica sin usar apuntes, lo hace sólo de memoria. “Tiene mucha fe y siempre enseña el amor de Dios”, dijo Olguín.

“Donde realmente brilla es en los entierros y velorios”, señala Olguín. 

“Cuando alguien ha perdido un pariente, un hijo, una esposa o un esposo, el Diácono Pérez tiene siempre las palabras adecuadas para consolarlos. Sienten su amor, que viene del amor del Señor”, dijo.

El Diácono Pérez no tiene planes de retirarse, pues según él, “todavía estoy bastante saludable. Puedo ver bien. Camino bien. Lo disfruto muchisimo. El diácono es realmente un servidor, así que eso es lo que estoy haciendo”.

“Dios todavía tiene un propósito para él”, dijo su hija Christine Pérez, quien vive con su padre y es la que maneja y lo lleva en su carro la mayor parte del tiempo.

El Diácono Brad Samuelson, que sirvió con el Diácono Pérez en Nuestra Señora de Guadalupe después de su ordenación en el 2020, lo llama “El Chico”.

“El Diácono Tacho es el todo para todos y conoce a todo el mundo. Si no te has sentido conmovido por él todavía, significa que acabas de llegar a la parroquia”, dijo el Diácono Samuelson, que ahora sirve en la Parroquia de Santa Rita de Fort Worth. “Es un verdadero siervo y un evangelista natural”.

Samuelson agregó que el Diácono Pérez le enseñó la importancia de estar presente. “Su presencia brinda consuelo a la gente”, explicó. “A la gente le encanta verlo en el altar y proclamar el Evangelio”.

Un diácono dice las palabras de despedida y envío al final de la Misa, tales como: “Pueden ir en paz para glorificar al Señor con sus vidas”.
“Ciertamente, el Diácono Pérez lo ha hecho”, concluyó diciendo el Diácono Samuelson.

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