Cuatro seminaristas responden a preguntas frecuentes sobre su experiencia en el seminario

El seminarista Javier Escutia asiste a la Misa en la Parroquia de St. Vincent de Paul de Arlington el 25 de mayo. (NTC/Juan Guajardo)
NOTA DEL EDITOR: Estas entrevistas fueron editadas para mayor claridad y brevedad.
En Isaías 6, 8, después de contemplar la santidad de Dios y experimentar su purificación, el profeta escucha el llamado divino: “Yo oí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?” Yo respondí: “Aquí estoy: envíame!”
Así como Isaías tuvo la oportunidad de escuchar y responder al llamado, los jóvenes varones de nuestra diócesis tampoco deben temer discernir su vocación al sacerdocio. En busca de su consejo, se les hizo varias preguntas a cuatro seminaristas de la diócesis sobre su experiencia en el seminario.
¿Qué idea equivocada tenían tus amigos o familiares sobre el seminario?
Cristian Díaz: Muchas personas piensan que entrar al seminario es como ir a un convento, a un claustro o a un lugar apartado; y que simplemente rezamos todo el día. Pero no es así. Sin embargo, es mucho más que eso: como en la experiencia universitaria, tenemos clases, formación y comunidad. También podemos salir, ir a la tienda o al restaurante más cercano. No es como el ejército, supongo que se podría decir.
¿Puedes mencionar algo que realmente disfrutas de la vida en el seminario — algo que crees que no habrías vivido si no hubieras comenzado a discernir?
Jesús Segura: Como seminarista, tengo el privilegio de conocer distintos ámbitos de nuestra diócesis, más allá del entorno en que crecí. He podido encontrarme con personas de diversos orígenes, historias y culturas, todas profundamente atraídas por la misma fe, y el mismo Jesucristo. Vivir esta experiencia ha sido aún más maravilloso de lo que imaginaba.
A medida que escucho las historias de las personas — sus esperanzas, luchas, alegrías, fracasos y logros —, me siento cada vez más motivado a tomar en serio mi formación. Y nace en mí un deseo aún mayor de llegar, si Dios lo permite, al sacerdocio, para poder servir con todo el corazón a quienes he tenido el privilegio de conocer.
Javier Escutia: Una de las cosas más favoritas para mi del seminario es la oportunidad de compartir mi vida con otros hombres, la comunidad, los formadores, en mi ministerio, en la gente que conozco al transcurso de mi jornada de formación, a mis compañeros de la escuela, con gente de varias edades, estilos de vida, y culturas. Así voy descubriendo quien yo soy y puedo compartir lo que yo tengo con los demás. Así también recibo apoyo, oración, y cariño. Si no estuviera en este camino, tal vez sería alguien diferente a como soy ahora. No necesariamente malo pero tal vez seria alguien quien no se conozca bien.
¿Qué persona crees que debería considerar el seminario o la vida religiosa??
Javier Escutia: Uno debe saber las diferencias entre la vida religiosa y un sacerdote diocesano. Un religioso es alguien que dedica una vida de oración, simplicidad, pobreza, obediencia, celibato, y una regla, como la Regla de San Benito o la Regla de San Agustín. Un religioso puede ser sacerdote pero no es requerido. Uno puede ser religioso y no ser sacerdote. También la vida religiosa puede ser una posibilidad si alguien le gustaría vivir en una comunidad, en silencio, y alejado del mundo, ya sea siendo en un monasterio o en un lugar solitario.
Alguien debería considerar él seminario si se siente llamado a servir una diócesis particular, quiere servir una comunidad parroquial, dar ministerio, dar los sacramentos, dar consejo, y ser un líder. Uno debe tener él deseo de servir al Señor primero que nada, pero también tiene que tener el deseo de ser celibato, dar obediencia al obispo, dedicar tiempo a los feligreses y sus necesidades, y sobre todo, ser un servidor que dará ejemplo para que todos puedan seguir.
¿Qué era lo que más te preocupaba al ingresar al seminario? ¿Actualmente, cómo te sientes al respecto?
Eric Hernández: Diría que lo que más me preocupaba era si Dios realmente me llamaba al sacerdocio. No tenía la certeza plena de que Él quisiera que fuera sacerdote, así que dudaba de si estaba haciendo lo correcto o incluso si debía ingresar al seminario. Al recordarlo ahora, agradezco las gracias que Dios me ha dado para seguir adelante, porque Él ha estado presente en todas las etapas de mi formación de seminarista, incluso en los momentos en que no estaba seguro de si estaba en el lugar correcto. … He aprendido que no hay problema en no tener total certeza de la vocación al entrar al seminario, ya que es precisamente un tiempo para discernir en oración si Dios me llama verdaderamente al sacerdocio.
Javier Escutia: Lo que más me preocupaba al ingresar al seminario eran los estudios. A veces el estudio es difícil, y lo es, pero se puede con la ayuda de Dios. Pero también uno tiene que poner el esfuerzo, poner atención en las clases, echarle ganas, dedicar tiempo para estudiar, pedir ayuda cuando sea necesario y, sobre todo, no estresarte mucho, especialmente cuando fallas o no sacas los resultados que quieres.
¿Tienes un mensaje para nuestros lectores católicos del North Texas Catholic?
Jesús Segura: Creo que es muy importante la necesidad de más sacerdotes, especialmente sacerdotes hispanos, que hablen el idioma o conozcan la cultura, porque ellos mismos crecieron en esa cultura y con ese idioma. … Uno no debe tener miedo de que va a estar infeliz, o va a estar solo y va a estar separado de la familia. Porque yo como hombre hispano — mis papás de México, yo de México — he podido encontrar la gracia de Dios en mis hermanos seminaristas. He encontrado el amor de Dios y el apoyo de Dios en aquéllos que están aquí para ayudarme a formarme. Entonces, tengan confianza y tengan fe. Y hagan un propósito de hablar con sus hijos, nietos y sobrinos; y exponerlos a esta conversación.
Escucha la llamada
Este verano, los jóvenes tendrán dos oportunidades para escuchar el llamado de Dios y responder con generosidad, tal como lo hizo Isaías:
Desayno de San Andrés: Varones de secundaria y universidad estan invitados el 19 de julio en la Catedral de 8 a.m. - 9 a.m.
Quo Vadis: Varones que hayan terminado la secundaria — desde los que ingresarán a primer año hasta los recién graduados — estan invitados al retiro vocacional Quo Vadis el 25 de julio de 7:30 a.m. - 3 p.m.
Descubre más eventos vocacionales en el calendario diocesano: fwdioc.org/public-calendar