Llamados a ser testigos de Cristo

El Obispo Michael Olson celebra una Misa de Confirmación el 29 de agosto en la Parroquia de Holy Name en Fort Worth. (NTC/Ben Torres)
“Con la plenitud del Espíritu Santo es más fácil que vivamos como los hijos de Dios que somos. ¿Y cuándo recibimos esa plenitud? En el sacramento de la Confirmación”, explicó el Padre José Ignacio Olvera Álvarez, CORC, párroco de la Parroquia de Holy Name of Jesus de Fort Worth, donde 178 adolescentes recibieron el sacramento de la Confirmación el mes de agosto.
La palabra confirmación proviene del latin confirmatio que significa fortalecimiento y consolidación y, junto con el sacramento del Bautismo y la Eucaristía, la Confirmación forma parte de los sacramentos de iniciación cristiana, los cuales introducen a los fundamentos de la fe.
“En el Bautismo se inicia la vida de la gracia, de la fe y de la relación con Dios; y recibimos el don del Espíritu Santo, en la Eucaristía nos hacemos uno con Cristo, y en la Confirmación se completa la gracia del Bautismo, ya que aceptamos recibir la plenitud del Espíritu Santo, que es el que mueve a la Iglesia y a cada una de las personas que se dejan guiar por Él para ser verdaderos testigos de Cristo”, describió el Padre Olvera.
El Concilio Vaticano II afirma que la Confirmación “une a los bautizados más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma, se comprometen mucho más como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras”.
Por esta razón, la Confirmación, en la mayoría de los casos, se recibe cuando los jóvenes están en su adolescencia y se conoce como el “sacramento de la madurez cristiana”, ya que “este sacramento requiere tener una mayor conciencia del compromiso que se asume y de la gracia que se recibe al asumirlo”, destacó el Padre Olvera.
La preparación para la Confirmación toma alrededor de dos años y debe de tener como meta “conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más viva con el Espíritu Santo, sus acciones, sus dones y sus llamadas, a fin de poder asumir mejor las responsabilidades apostólicas de la vida cristiana”. (CCE 1309)
Una vez concluida esta preparación, los bautizados en estado de gracia pueden recibir el sacramento de la Confirmación en una Misa celebrada por el obispo y concelebrada por los sacerdotes de la parroquia.
“Los obispos, al ser sucesores de los apóstoles, son los ministros ordinarios de este sacramento, aunque, en ciertas situaciones, el obispo puede conceder a un presbítero la facultad de administrarlo”, aclaró el Padre Olvera.
De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 1298-1301) el rito del sacramento de la Confirmación consta de cuatro partes. La primera es la renovación de las promesas bautismales y la profesión de fe de los confirmandos, ya que “la Confirmación constituye una prolongación del Bautismo”. La segunda es la imposición de manos sobre todos los confirmandos por parte del obispo o del presbítero delegado “gesto que, desde tiempos de los apóstoles, es el signo del don del Espíritu Santo”. La tercera es “la unción del santo crisma en la frente, hecha imponiendo la mano y con estas palabras: ‘Accipe signaculum doni Spiritus Sancti’ (‘Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo’)”. El rito concluye con el beso de paz, el cual “significa y manifiesta la comunión eclesial con el obispo y todos sus fieles”.
El Padre Olvera señaló que hay tres sacramentos que son únicos en la vida de una persona y no pueden repetirse: el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal. Esto se debe a que imprimen “una marca espiritual indeleble” (CCE 1304), un carácter que nos dispone a vivir como Cristo y a ser testigos suyos en el mundo, de ahí la importancia de estos sacramentos.
“Desafortunadamente, es muy frecuente que la gente tome los sacramentos sólo como requisitos que se tienen que cumplir, por eso es fundamental que tanto los padres como los hijos comprendan su significado e importancia. Siempre les pido a los papás que acompañen y motiven a sus hijos a asistir a la iglesia y que vean los sacramentos como un oportunidad para vivir en gracia y en relación con Cristo, para que puedan ser testimonio para sus hijos”, comentó el Padre Olvera.
Por otra parte, subrayó la importancia del papel de los padrinos: “El rol de los padrinos es el de colaborar con la formación espiritual de la persona. No se trata sólo de acompañarlos el día del sacramento. Procuren elegir padrinos que vivan activamente su fe, que hayan recibido sus sacramentos y los vivan, para no caer en la incoherencia de pedirle formar a los hijos sin ellos mismos estar formados”.
Finalmente, el Padre Olvera invita a toda la comunidad a profundizar en el estudio de la catequesis, especialmente a los padres, porque “si no hay conocimiento, ¿cómo va a haber formación? Es responsabilidad de todos profundizar en el sentido de los sacramentos y en el valor de vivir el sacramento que recibimos, ya que la salvación no radica sólo en recibir el sacramento, sino en vivirlo”.