Su amor transformador

Adriana y Guadalupe Resendiz, de la Parroquia de St. William en Montague, con sus hijos (de izquierda a derecha) Angel Gabriel, Karen Guadalupe, Alexis Emmanuel, Dulce Maria y Nicole Adriana. (NTC/Thomas Otto)
“La fe es precisamente esto: no el esfuerzo colosal de alcanzar a un Dios sobrenatural, sino más bien, acoger a Jesús en nuestras vidas y descubrir que el rostro de Dios no está lejos de nuestros corazones.” — Pope Leo XIV
El poder transformador del amor brilla con fuerza en la familia Resendiz de la Parroquia de St. William de Montague, en donde Adriana y Guadalupe comparten su infinito amor a Dios con sus cinco hijos. Un amor que encontraron a través de su unión matrimonial y que se profundizó con la presencia continua del Señor en sus vidas.
CÓMO SE CONOCIERON: Guadalupe Resendiz, que quedó huérfano muy joven, se mudó a Texas a los diez años para vivir con su hermana. En la preparatoria, se destacó en el levantamiento de pesas, pista y campo y el fútbol americano. Luego de una lesión en su rodilla, que le impidió unirse a la Infantería de Marina después de graduarse, se dedicó al boxeo, que culminó con un campeonato en el 1999 de los Guantes de Oro en Fort Worth. Poco después de la victoria, Guadalupe conoció a Adriana, que acababa de llegar a Nocona desde su ciudad natal Guanajuato en México.
Guadalupe cuenta cómo esta relación con Adriana lo cambió. “Encontré una paz, de tal manera que todo lo de los deportes, lo del boxeo, de todo eso, se quedó atrás”.
UNA NUEVA BASE PARA LA FE: Ambos eran católicos desde pequeños y se prepararon para el Matrimonio en la parroquia cercana, St. William. Atribuyen la preparación matrimonial en la parroquia como el catalizador de su transición de una fe pasiva a una participación activa en la comunidad eclesial.
Adriana comentó: “Desde que nos casamos empezamos a involucrarnos más aquí en la iglesia”.
BENDECIDOS AL CASARSE: Guadalupe y Adriana se casaron el 14 de agosto de 2004 en la Parroquia de St. William.
“Cuando miramos hacia atrás, vemos que Dios siempre ha estado ahí, ayudándonos, e incluso ahora, gracias a Dios, me siento muy bendecido”, dijo Guadalupe.
RESTAURADO DE NUEVO: Al reflexionar sobre su pasado, Guadalupe recordó cómo siempre había estado “buscando algo” desde su juventud. El deporte lo ayudó a llenar ese vacío por un tiempo: “Pensé que podía deshacerme de esa necesidad que sentía”. Sin embargo, “cuando tuve mi propia familia y cuando conocí a Dios, me acerqué más a Él, comencé a conocer Su amor. Finalmente, me sentí pleno al experimentar el amor, el amor verdadero y puro de Dios”.
UN ENCUENTRO: La pareja asistió aproximadamente dos años después de casarse a un retiro de Encuentro.
“Fue allí donde tuvimos un encuentro con Dios, un encuentro con Jesús y, desde entonces, nos enamoramos como pareja; siento que también nos enamoramos de Dios”.
Después del retiro, Guadalupe encontró paz y su comprensión del servicio se transformó. “Todo ha sido diferente y ahora servimos a Dios, servimos a Dios con amor, con ganas y con entusiasmo”.
COMUNIDAD DE FE: La familia Resendiz reside en Nocona y, aunque cuenta con su propia parroquia, viajan a St. William por ser la única parroquia cercana que ofrece Misa en español.
Según el Censo de los Estados Unidos, Montague tiene menos de 240 habitantes, mientras que Nocona tiene casi 3,000.
Si bien las cifras pueden parecer pequeñas, el amor de la comunidad por la fe es inmenso.
“Con las posadas celebramos y nos visitamos en casa”, compartió Adriana. “Rezamos también el Rosario a la Virgen la noche anterior al 12 de diciembre. Como comunidad, nos unimos y es muy hermoso”.
La parroquia, al ser tan unida, crea oportunidades para la convivencia. A menudo, después del Rosario, los feligreses comparten un chocolatito y otras delicias.
AMOR POR COMPARTIR: “Nos enamoramos mucho de los caminos de Dios y, a partir de ahí, hemos tratado de inculcar en nuestros hijos las gracias que vienen de Dios y del Santo Rosario”, Adriana señaló.
El rezo del Rosario es una práctica diaria para la familia. A medida que sus hijos crecieron comenzaron a asumir roles más activos, como dirigir las oraciones de la familia.
La familia Resendiz valoriza mucho también compartir su fe a través del servicio. “Estamos enamorados de Dios y eso es lo que estamos inculcando en nuestros hijos”, dijo Guadalupe.
Además de impartir clases de catecismo, Confirmación y formación para adultos, Guadalupe y Adriana han servido en la parroquia como acólitos, ministros extraordinarios de la Eucaristía y organizadores de tradiciones hispanas. Les enseñan a sus hijos que “para Dios, incluso en las cosas más pequeñas, se le sirve a Él”.
Cada uno de los hijos sirve activamente en la parroquia. Ayudan con la colecta del Ofertorio, enseñan catecismo; y sirven también como monaguillos, recogen las ofrendas y encienden las velas.
REGALOS DE DIOS: Siempre habían planeado tener cuatro hijos. Sin embargo, “fue Dios, nuestro Señor, quien dijo: ‘¿Cuatro? No, serán cinco’”, aseveró Adriana. “Él tiene la última palabra”.
Los nombres de sus hijos reflejan su devoción: el mayor lleva el nombre del Ángel Gabriel; la segunda, Karen Guadalupe, en honor a Nuestra Señora de Guadalupe, como su padre; el tercero, Alexis Emmanuel – “Dios está con nosotros”; la cuarta, Dulce María, en honor a la Santísima Virgen; y la quinta, Nicole Adriana, un regalo de Dios, que lleva el nombre de la madre de Guadalupe, Nicole, y de la madre de Adriana, Nicolasa.
Los nombres de sus hijos les sirvieron de punto de partida para enseñarles a sus hijos sobre la vida de los santos.
SEGUIR ADELANTE: “Es muy fácil enfriarse y quedarse en casa cuando se trata de vivir en el amor y la actividad en la fe”, señaló Adriana. “Pero tenemos que seguir adelante para estar enamorados de Cristo y no debemos permitir que ese amor se apague”.