Peregrinación a México

North Texas Catholic
(22 de abril de 2026) Fe-Y-Catequesis

El Padre Joseph Moreno eleva la hostia consagrada mientras celebra la Misa el 23 de febrero en el Santuario de la Quinta Aparición Guadalupana en Tulpetlac, México. (foto cortesía/Kim Guidry Speirs)

Según nos dice Papa León XIV, todo católico debería dedicar tiempo a una peregrinación, ya que “desempeña un papel vital en nuestra vida de fe”.

“Es un recordatorio de que el mundo es más grande que nosotros y que Dios es Dios. Dios quiere ser visto. Dios quiere que lo experimentemos. Él quiere que lo conozcamos; y debemos hacerlo saliendo al mundo”, manifestó el Padre Joseph Moreno, refiriéndose al mensaje del Papa emitido el 5 de julio de 2025.

El párroco de St. Michael de Bedford puso recientemente en práctica el mensaje del pontífice, al servir como director espiritual de una peregrinación de cuatro días a México del 19 al 23 de febrero.

Si bien esta fue la cuarta vez que el Padre Moreno visita a México, fue la primera como sacerdote en una peregrinación.

“Nunca se puede llegar a comprender toda la profundidad de las Sagradas Escrituras. Lo mismo ocurre cuando uno emprende una peregrinación. El Espíritu Santo te guía a un lugar un poco diferente y a una mayor profundidad cada vez”, afirmó el sacerdote.

 

ROSTROS VALIENTES DE FE

Una de las primeras paradas de la peregrinación fue la Iglesia de la Sagrada Familia en la Colonia Roma de Ciudad de México. La iglesia alberga las reliquias del Beato Miguel Pro, un sacerdote mexicano mártir que desafió al gobierno mexicano y se disfrazó para celebrar la misa y administrar los sacramentos durante la Guerra Cristera.

“Mientras era fusilado, extendió los brazos, con la Biblia en una mano y el rosario en la otra, y gritó: ‘¡Viva Cristo Rey!’”, explicó el Padre Moreno. “Fue absolutamente asombroso. No había visto este santuario antes”. El sacerdote manifestó lo mucho que le impacta la historia detrás de las imágenes del martirio del beato en el 1927.

Su grupo visitó también ese día el santuario y la cripta de la Beata Concepción Cabrera, conocida popularmente como “Conchita”.

“Era una laica: esposa, madre, viuda, abuela, pero fundó además cinco órdenes religiosas con sus escritos sobre el Espíritu Santo”, indicó el Padre Moreno. La beata fue la primera laica mexicana en ser beatificada y es conocida por su amor a la Iglesia y la amplitud y profundidad de sus escritos.

“Escribió casi tanto como Santo Tomás de Aquino”, comentó el Padre Moreno.

 

Una vista de las Cascadas de Guadalupe y la colección de estatuas “La Ofrenda” ubicadas en el Jardín del Tepeyac en la Ciudad de México.

SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE 

Si uno viaja a México en peregrinación, por supuesto, la visita al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe es imprescindible, ya que es el lugar de peregrinación católica más popular del mundo.

Mientras que los peregrinos de su grupo que iban al Santuario por primera vez aprendían sobre Juan Diego y la tilma con un guía local, el Padre Moreno reflexionó más profundamente sobre la belleza de la unidad al contemplar las Cascadas de Guadalupe en el Jardín del Tepeyac, donde “La Ofrenda”, una colección de 17 estatuas de bronce que representan a indígenas llevando ofrendas de comida, artesanías y animales a Nuestra Señora de Guadalupe, simboliza la unión de los españoles y los indígenas aztecas y mayas.

“Todos se mezclaron en una sola poza en el fondo, mostrando: ‘Así somos en México. Somos descendientes de la mezcla de todos ellos’”, señaló el Padre Moreno.

El sacerdote conversó también sobre un nuevo aspecto del misterio de Guadalupe cerca del final de su peregrinación al Santuario de la Quinta Aparición de Guadalupe en Tulpetlac.

El santuario conmemora la curación que la Santísima Virgen le hizo en su choza a Juan Bernardino, tío de Juan Diego. Fue a Bernardino a quien ella le reveló su nombre como Santa María de Guadalupe. En el altar del santuario hay un grifo que conecta con un pozo ubicado debajo de la iglesia, conocido como el manantial sanador de Juan Diego, donde Santa María de Guadalupe continúa otorgando gracias.

“Esto fue completamente nuevo para mí”, admitió el Padre Moreno. “Nos detuvimos junto al pozo y reflexionamos sobre cómo María se aparece a lo largo de la historia y trae sanación y consuelo”.

 

RECUERDOS DE PUEBLA

El grupo de peregrinos viajó aproximadamente dos horas y media el domingo desde Ciudad de México hasta Puebla.

“Es la ciudad donde me enviaron durante seis semanas para aprender español, así que me comporté como un niño pequeño, correteando por todas partes”, explicó el Padre Moreno. “Mi querida Puebla”.

Al recordar la visita que hiciera el grupo a la Iglesia de Santo Domingo, “donde hay una capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario construida en 1690”, el sacerdote se maravilló de la arquitectura barroca, el “increíble uso de la talla en madera” y el espléndido uso del pan de oro.

“Es sencillamente asombrosamente hermosa”, el prelado añadió emocionado.

 

UNA CULTURA DE FE

Un peregrino no es un turista, recalcó el Padre Moreno. Su buena amiga Joan Watson publicó recientemente el libro “Haciendo una peregrinación”, que detalla cómo adoptar la mentalidad de un peregrino dispuesto a recibir a Dios.

“Un turista va a ver qué hay por ahí, visitar diferentes lugares, tomar muchas fotos y selfies, comprar muchos recordatorios y a probar toda la comida del lugar. Un peregrino podría también hacer algunas de esas cosas, pero un peregrino busca a Dios, no unas vacaciones”, explicó el sacerdote. “Una peregrinación es un encuentro con Dios”.

La diferencia radica en la conversión interior que busca el peregrino, “un crecimiento en santidad”, declaró el Padre Moreno.

Lo cual es fácil de lograr en México, ya que “la presencia de María impregna la mayor parte de la cultura mexicana”, agregó.

El guía local de su grupo les dijo: “Todos los mexicanos somos guadalupanos. Todos tenemos algún tipo de devoción a María, y a ella le debemos nuestra existencia”, apuntó el Padre Moreno.

Esta peregrinación le ayudó a comprender el poder de la gracia de la Santísima Virgen en el país.

“Lo que más me impactó fue que la Iglesia en ese tiempo no había logrado convertir a muchos. Los indígenas y los españoles, en general, no se llevaban bien ni se entendían. Y entonces apareció María”.

A pesar de las diferencias lingüísticas, la Santísima Virgen unió al pueblo.

“María, con su imagen en la tilma, usó un simbolismo que los indígenas comprendían, y de inmediato comenzaron a convertirse, incluso si aún no habían oído hablar de Jesús”.

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