“Mamá María” Siempre Presente

North Texas Catholic
(7 de julio de 2026) Fe-Y-Catequesis

(NTC/Juan Guajardo)

Carmen Cornejo, 58, feligrés de la Parroquia de St. John Paul II de Denton aprendió hace más de tres décadas el profundo amor a “Mamá María” expresado mediante las diferentes advocaciones marianas.

El mes de mayo está dedicado a la Virgen María y la Iglesia invita a sus fieles a rezar el rosario, coronar su imagen y llevarle rosas blancas. Nuestra Madre María tiene diferentes advocaciones y diversos títulos, pero “su amor de madre” es siempre el mismo, señala Cornejo. Carmen es oriunda de San Luis Potosí y al mudarse a este país trajo consigo su devoción a la Virgen de Guadalupe. Ella, junto a su esposo Carlos y sus tres hijos, que tienen 34, 30 y 27 años, sirven en el grupo de la Danza de los Matachines de la Parroquia de Immaculate Conception de Denton. Es en esta parroquia que ella “conoce y aprende a amar” otras advocaciones como la Virgen de Fátima, la Virgen de los Dolores o La Dolorosa y la Virgen del Rosario, entre otras. Así se fue abriendo una puerta de “servicio y oración”, ayudando por más de 10 años en la consagración a la Virgen de Fátima, bajo el movimiento del Padre Stefano Gobbi. Además, coordina actualmente el grupo de consagración a la Reparación del Sagrado Corazón de Jesús en la Parroquia de St. John Paul II.

“Orando, aprendiendo y trabajando en las virtudes de María”, Cornejo lleva su imagen a “la gente enferma o a quien tenga una necesidad” para “enseñar y transmitir” a otros “la docilidad con la que Mamá María nos ama” y compartir que “María nos entrega a su hijo, nos entrega su amor y se queda además como madre en la cruz, para seguir ese legado de Jesús. Ella nunca se separa de Jesús”, Carmen apunta. 

La Virgen de San Juan de los Lagos, la Rosa Mística o la misma Virgen de Guadalupe nos “acercan a la figura de María como la madre de Jesús”, en diferentes formas aprobadas por la Iglesia, “según cada pueblo y su cultura la va conociendo”, o bien, según “cada persona se va identificando con Ella, según su propia historia”. Esto es distinto a los dogmas, que son una verdad de fe revelada inmutable y donde “se reconoce a María como madre, a nivel general”, como lo es la Inmaculada Concepción y el Inmaculado Corazón de María, explica la Hermana Eufemia Santiago MCSH, de las Misioneras Catequistas de los Inmaculados Corazones de Jesús y María, y Directora de Educación Religiosa de la Parroquia de Immaculate Conception de Fort Worth.

La devoción al Inmaculado Corazón de María fue impulsada por San Juan Eudes y se celebró por primera vez en el 1648. Esta devoción se extendió y consolidó durante los siglos XVIII y XIX. Alrededor de esa época aparece también la devoción a la “Medalla Milagrosa”, explica la Hermana Femy, como le llaman cariñosamente, por las apariciones de la Virgen María en el 1830 a Santa Catalina Labouré; y cuya medalla en el reverso muestra los corazones de Jesús y María.

Tener “la claridad de que María nos lleva a Jesús y que no es quien hace milagros, sino la intercesora”, es saber que “Ella estuvo cerca de Jesús y lo tuvo en su vientre”. Al igual que Ella, con ese mismo “Fiat consciente” (su “Sí”), y “conociéndola y reconociéndola” como Madre Dios, nosotros podemos ‘engendrar’ a Jesús en nuestro corazón “descubriendo nuestros proyectos de vida” y como finalidad de todo cristiano de “llegar a la santidad”, destaca la Hermana Femy. 

Desde la antigüedad se han utilizado “referencias bíblicas” al rezar el Santo Rosario y se relaciona la imagen de una rosa con la Virgen María, además de los diferentes títulos en la Letanía de Loreto, señala el Dr. Richard Bulzacchelli, Profesor Asistente Afiliado en Teología y experto en Mariología de la Universidad de Dallas.  

Por ejemplo, el verso de “la rosa de Sarón” en el Cantar de los Cantares 2,1 y en Isaías 11,1, en que la rosa es una metáfora poética de la “vara del tronco de Isaí y un vástago retoñará de sus raíces”, haciendo referencia a Cristo, él explica.

María refleja en la Letanía de Loreto “su disponibilidad para recibir a Dios y su integridad perfecta ante Dios”, apunta Dr. Bulzacchelli con respecto a títulos como el “Arca de la Alianza” y que hemos de ver a María, no como un individuo, sino como quien llevó a Cristo en su vientre”; o como “Refugio de los Pecadores, ya que María comparte la compasión por el amor, porque Ella nos dio a Cristo”, afirma el profesor.

El Dr. Bulzacchelli destaca que hemos de ver que María realiza un “rol activo” en el plan de Dios de salvación, pero sin “esperar signos de buena fortuna” ni caer en “excesos o abusos”, como el pensar que Dios no es misericordioso y sólo María puede interceder. Ni tampoco verla como una “persona de la Divinidad”, pensando como si fuera una ‘Cuadridad’, en vez de una ‘Trinidad’, declara con firmeza. Resalta también “la virginidad perpetua de María”, antes, durante y después de Cristo, que está “representada por tres estrellas”; una en su frente y una en cada hombro. El profesor Bulzacchelli añade que en la “dimensión espiritual” de la maternidad de María, “Ella no busca quedarse con el amor del Niño Jesús para Ella, sino que nos lo da para la salvación. Se trata de su ‘supremo amor’, como lo llama San Pablo”.

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