El regalo de la música

Annette Calderón canta durante la Misa de dedicación de la Parroquia de Sacred Heart en Comanche el 24 de febrero de 2024. (foto del archivo de NTC/Juan Guajardo)
Al presentar el VI Concierto con los Pobres realizado el 6 de diciembre, el Papa León XIV reflexionó sobre el inmenso poder de la música y la describió “como un puente que nos conduce a Dios. Es capaz de transmitir sentimientos, emociones hasta los movimientos más profundos del alma, elevándolas, transformándolas en una ideal escalinata que une la tierra con el cielo”, manifestó el Pontífice.
“¡Sí, la música puede elevar nuestros corazones! No porque nos distraiga de nuestras miserias, porque nos aturda o nos haga olvidar los problemas o las situaciones difíciles de la vida, sino porque nos recuerda que no somos sólo esto: somos mucho más que nuestros problemas y nuestros apuros, ¡somos hijos amados de Dios!”, agregó.
La temporada del Adviento y la Navidad son momentos en los que el don precioso de la música se hace especialmente presente, pues los himnos que celebran el nacimiento de Jesús resuenan en nuestros corazones y hogares.
Dos cantantes, bendecidas por Dios con gran talento y el deseo amoroso de compartirlo, reflexionan en este artículo sobre la belleza de las melodías de la Navidad y la gracia que aportan a la comunidad; y cómo ayudan a los fieles católicos a prepararse para recibir al recién nacido Jesús, nuestro Señor.
Annette Calderón de la Parroquia de St. Stephen, Weatherford
Mi amor por la música comenzó cuando era apenas una niña pequeña y mi abuelo me enseñaba las letras y melodías de sus canciones favoritas: las rancheras de antaño. Él me enseñaba y juntos cantábamos. … Luego, en séptimo grado, empecé a aprender guitarra porque en la iglesia el coro en español ofrecía clases. Así, que me animé a aprender a tocar la guitarra y al instante me enamoré de ella.
La belleza de la Natividad
Siempre me ha encantado “Los Peces en el Río” desde que mi abuelo me lo enseñó. La imagen con la que empieza la canción — la Virgen peinando su cabello — para mí es como asomarse detrás de una cortina y verla allí, bañada por la luz del sol de una manera tan hermosa y ella está radiante.
Recuerdo que me despertaba una curiosidad sobre los peces y cómo, de toda la creación, incluso los animales, sabían que Dios había entrado en el mundo. Tenían esa certeza, esa conciencia de que algo había cambiado y ese saber intensifica la emoción al contemplar la Natividad y el nacimiento del Señor. El mundo está en un momento callado, pero para los corazones es un momento de alegría y paz.
Un momento de paz
Donde crecí, participaba en el Acostado del Niño, así que, en la Nochebuena, teníamos a los padrinos al frente de la iglesia, acunando al Niño Jesús mientras cantábamos el cántico “Noche de Paz”.
Recuerdo haberlo cantado por primera vez en inglés para nuestra parroquia. Lo cantábamos luego bilingüe para la comunidad hispana y les encantaba. Los feligreses se acercaban para preguntarme sobre la canción y su significado y yo les explicaba la letra y la emoción que transmite. Reflexionábamos sobre la importancia del silencio, especialmente durante el Adviento cuando Dios entra en el mundo. Él no entró de una manera grande y extravagante, sino que se hizo un niño, en la forma más sencilla. Pudo haber venido de cualquier otra manera, ¿verdad? Pero en cambio, eligió hacerlo así.
La humildad del nacimiento
Escuchar “Noche de Paz” me trae tantos recuerdos de cómo mi comunidad parroquial se reunía para alabar a Jesús, con esa reverencia y sencillez que nace al saber que Cristo está aquí.
La belleza de su letra hace que la Encarnación se sienta más cercana a nuestro corazón y nos invita a contemplar la humildad de Jesús al venir al mundo, de Dios haciéndose hombre y también la paz que trae su nacimiento. Es algo sencillo. Es humilde. Y uno piensa: ¿por qué no podemos hacer lo mismo en nuestro corazón? ¿En nuestra vida? Siento que es algo alcanzable.
Carolina Imperial, cantante y compositora local
Soy una vocalista de toda la vida y mi formación se ha forjado tanto en el estudio formal como en la experiencia viva de la fe.
Mi voz también ha crecido gracias a la instrucción privada y al servicio como salmista en la Diócesis de Dallas y la Diócesis de Fort Worth. Cantar en la Santa Misa fue lo que me inspiró a inscribirme en el OCIA, lo que finalmente me llevó a recibir el Bautismo a los 21 años.
Inspirada por la música
La música navideña despierta ternura y me hace desear el poder hacer más cada año para servir.
También inspira humildad. Hoy en día, vemos las decoraciones más extravagantes y espectáculos de luces, pero en realidad, un lugar cálido y seguro donde compartir una comida con tus seres queridos y orar es todo lo que necesitamos. Jesús, el Rey de Reyes, nació en un pesebre.
Eso me recuerda que no necesitamos todo lo que la sociedad intenta vendernos ni desviarnos del verdadero sentido de esta temporada tan especial.
El regalo de la música
La música nos une como comunidad. Creamos cultura y tradiciones basadas en nuestros villancicos familiares favoritos y nunca habrá suficiente música para alabar a Jesús. Por ejemplo, no es un himno, pero existe una canción venezolana titulada “Mi Burrito Sabanero”, compuesto por Hugo Blanco. Nunca he tenido una Navidad sin escucharla y ahora, ya adulta, me llena de nostalgia porque siento la misma alegría que sentía cuando era niña.
Los villancicos antiguos como éste llevan años de historia y encuentro sus letras más profundas y reflexivas. En mi humilde opinión, la música navideña actual está demasiado enfocada en el consumismo y en “regalos y juguetes”, desviando la atención del verdadero significado de la Navidad.
El hogar es la primera iglesia de tu familia.
Ustedes son los líderes y tienen la responsabilidad de enseñar a los jóvenes el verdadero sentido de la temporada, junto con la música que prepara nuestros corazones para el nacimiento de Jesús. El Adviento es un tiempo tan importante: encontramos gozo y paz en la espera, mientras el mundo nos empuja a seguir corriendo. Es un recordatorio para ser pacientes, obedientes y confiados, como lo hizo nuestra Santísima Madre María.