Elegidos para un propósito

Siete diáconos permanentes fueron ordenados por el Obispo Michael Olson durante la Misa del 8 de agosto en la Parroquia de St. Mark en Argyle. (NTC/Juan Guajardo)
Los primeros siete hombres que se ordenaron como diáconos en la Iglesia Primitiva fueron elegidos por su fe, sabiduría y dedicación a la comunidad cristiana.
Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás de Antioquía fueron ordenados por los apóstoles (Hechos 6, 1-7) por su vocación especial de asistir a las viudas y a los pobres.
Dos mil años más tarde, siete hombres de la Diócesis de Fort Worth, que encarnan las mismas cualidades de oración, compasión y voluntad de servir, han seguido sus pasos para servir como diáconos permanentes.
Kendall Robert Coffey, Weldon Alan Franklin, Wilfried Axel Lampka, José Rafael Mateo, Peter Thang Cao Nguyen, Hilario Hoang Huy Trinh y Michael Hugh Waldon recibieron el 8 de agosto el Sacramento del Orden Sagrado de manos del Obispo Michael Olson durante la misa de ordenación en la Parroquia de St. Mark de Argyle. La liturgia vespertina fue celebrada en memoria de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden Dominica de Predicadores. Se reunieron más de mil personas de toda la diócesis para la misa de ordenación.
El Obispo describió a Santo Domingo como un sacerdote mendicante que vivió una vida de pobreza mientras predicaba la Buena Nueva de Jesucristo.
“Es sin duda un ejemplo y amigo para nuestros nuevos diáconos, que se ordenan hoy como ministros de la Palabra, ministros del altar y ministros de la caridad”, proclamó en su homilía.
Al igual que los primeros siete diáconos nombrados en los Hechos de los Apóstoles, los candidatos diocesanos a la ordenación utilizarán su nuevo ministerio para difundir la Palabra de Cristo y conferir los Sacramentos.
“Para poder ser el vehículo de lo que Cristo ofrece a Su pueblo, estos ordenandos deben ser formados, informados y transformados por la Palabra, tal como nos llega en la Sagrada Escritura y la sagrada tradición”, añadió el Obispo.
El Obispo Olson aconsejó a los futuros diáconos con la siguiente exhortación: “Hermanos míos, acojan la Palabra, adoren la Palabra, proclamen la Palabra y den testimonio de ella con obras de justicia, misericordia y caridad. Así es como seguimos a Cristo, perdemos nuestra vida con Él y la preservamos para la eternidad”.
Invocación del Espíritu Santo
Al comienzo del Rito Sagrado de Ordenación cada candidato dio un paso al frente según fue llamado, lo que representaba su disposición a asumir las responsabilidades del diaconado y su obediencia al obispo y sus sucesores.
Los candidatos se postraron en el suelo del santuario para demostrar su entrega total a Dios, mientras los fieles cantaban la Letanía de los Santos.
Luego de la oración se levantaron y uno a uno se acercaron al altar. El Obispo Olson, utilizando un gesto heredado de los Apóstoles, impuso las manos sobre la cabeza de cada ordenando para conferir el poder del Espíritu Santo. A continuación, se realizó la oración de la ordenación.
Los diáconos recién ordenados fueron investidos con una estola y una dalmática, símbolos de su oficio en la Iglesia.
Se acercaron de nuevo al Obispo y recibieron el libro de los Evangelios, mientras el prelado pronunciaba las siguientes palabras: “Cree lo que lees. Enseña lo que crees. Practica lo que enseñas”.
Vida de oración y servicio
La ordenación es la culminación de cinco años de formación teológica, pastoral y espiritual para los hombres que ahora asistirán al sacerdote en el altar, proclamarán el Evangelio, predicarán, dirigirán servicios de oración, bautizarán, presenciarán matrimonios, llevarán el viático a los moribundos y oficiarán funerales y entierros. A diferencia de un diácono transitorio, que se prepara para su ordenación sacerdotal, un diácono permanente permanece en el mismo ministerio de por vida.
La clase del 2025 de los nuevos diáconos refleja la creciente diversidad de la Diócesis, según el diácono Rodney Asebedo, Director de Formación Diaconal. Uno de ellos nació en Alemania y otro, en Puerto Rico. Dos de los nuevos diáconos llegaron a los Estados Unidos procedentes de Vietnam y tres de ellos hablan español con fluidez.
“La Iglesia se siente hoy bendecida por eso. Tienen, además, un corazón de siervo para servir al Señor y a los marginados de la sociedad”, señaló. “Como candidatos, estos hombres han estado sirviendo con reverencia en las cárceles, los hospitales y comedores populares. Sin duda, están dispuestos a servir a los invisibles”.
Dispuestos a servir
Si bien todos los cristianos estamos llamados a servir a los demás, los diáconos ejemplifican a Cristo siervo. Ellos son las manos y los pies de la Iglesia y, a menudo, son los primeros en darse cuenta cuando una familia sufre o necesita ayuda. Como clérigos ordenados que, a menudo ejercen otros trabajos, los diáconos están llamados a ser atentos, compasivos y estar dispuestos a ofrecer apoyo.
Lampka comentó que los últimos momentos antes de la ordenación le parecieron surrealistas después de varios años de estudio y oración.
“Estamos ansiosos por ponernos en marcha y servir al Señor’, exclamó Lampka. “Para eso nos formamos”.
La Diócesis de Fort Worth cuenta actualmente con 110 diáconos permanentes, incluidos los siete diáconos recién ordenados.