Impartir clases de informática, y luego de Catecismo, ayudó al Diácono Jesús Valadez a encontrar su llamado

El Diácono Jesús Valadez se muestra en la Parroquia de All Saints. (NTC/Juan Guajardo)
El Diácono Jesús Valadez, de la Parroquia de All Saints en Fort Worth, recordó cómo visitaba a las personas disociadas o enfermas en un asilo durante su formación.
“Cuando entré, las personas que estaban encargadas del asilo me dijeron, ‘Bueno, una paciente siempre está dormida, pero si quiere pasar, pase — ella no abre los ojos’”, relató. “Entonces pasé y empecé a orar”.
Valadez continuó visitando a la paciente durante varias semanas, orando por ella cada vez, pero sus ojos no se abrían.
“El último día que fui, estuve orando por ella, pidiéndole a Dios que algún familiar viniera a verla o que Él viniera por ella, si era su voluntad”, recordó el diácono. “Al irme, abrió los ojos y me dijo: ‘Te amo’”.
La experiencia dejó una huella imborrable en el candidato a diácono.
“Es una manifestación muy hermosa de Dios, el poder de cómo te reafirma que estás en el camino correcto, que fuiste elegido por Él, no por nadie más”, compartió.
En el corazón de su camino
En su juventud, el Diácono Valadez fue un apasionado bailarín de salsa, lo que lo llevó a muchas fiestas y festividades, y finalmente a su primer encuentro con su esposa Elvia.
Su relación se convirtió en un compromiso a distancia de cinco años: él trabajaba en turismo en el Distrito Federal (ahora Ciudad de México), mientras ella vivía en Chicago. Valadez finalmente se mudó a esta ciudad, donde la pareja se casó por lo civil en Illinois antes de establecerse en el área de Fort Worth.
Juntos tienen dos hijos, dos nietas y un bisnieto.
En el corazón de su respuesta al llamado de Dios al diaconado, el Diácono Valadez reconoce el apoyo incondicional de su esposa.
Elvia desempeña un papel clave en cómo el diácono equilibra la vida familiar y las responsabilidades eclesiásticas. Él considera su apoyo invaluable, desde preparar una merienda para el camino hasta ayudarlo a cultivar valores católicos fundamentales en su familia, como mantener a Dios en el centro de su hogar.
“Yo creo que eso es, más que nada, el cómo podemos administrar nuestro tiempo: orando y estando nosotros en las manos de Dios”, dijo. “Porque si queremos ver a Dios en nosotros mismos y en nuestras vidas, entonces tenemos que poner a Dios en todo lo que tenemos, ¿verdad? Creo que eso es lo que me ha resuelto muchas cosas: el estar cerca de Dios y poder traerlo a mi familia”.
Una gracia para compartir
Cuando el Diácono Valadez recuerda las múltiples trayectorias profesionales que siguió tras salir de México en busca del sueño americano, puede ver con claridad los planes que Dios tenía para él.
El Diácono Valadez siempre se ha destacado por ser un gran trabajador. Comenzó su camino en Chicago en el año 2000, donde se desempeñó como conserje escolar y trabajó en una fábrica de chocolate. Más adelante se mudó a Texas, obtuvo la ciudadanía estadounidense y se convirtió en coordinador de importaciones para una empresa deportiva, donde trabajó durante 18 años, mientras estudiaba diseño gráfico. En el 2010, obtuvo su licenciatura en Northside College, en Fort Worth, y comenzó a impartir clases de informática en esa misma institución. Posteriormente, también enseñó como profesor adjunto en Tarrant County College.
“Empecé a darme cuenta de que tenía un don de poder enseñar”, dijo. Después de que los estudiantes acudieran a él con preguntas sobre diferentes temas, comenzó a impartir clases a adultos que aspiraban a tomar el examen de GED, y así fue como conoció a la Hermana Aracely Lobatón, MCSH. “Ella había venido a sacar su GED porque también quería seguir estudiando”, comentó. La Hna. Aracely reconoció su don para la enseñanza y lo invitó a dar catecismo.
“Puedo enseñarles matemáticas o álgebra, lo que usted quiera, pero de Dios, no sé mucho”, el diácono recordó haberle dicho a la hermana.
Aun así, la hermana insistió en que asistiera a algunas clases. Lo presentó como un “catequista oyente” y poco a poco lo fue animando a preparar temas para enseñar.
“Así que empecé a dar clases de Catecismo, y fue entonces cuando empecé a sentir la preparación a la que Dios me estaba llevando”, compartió el Diácono Valadez.
Comunidad para las vocaciones
Unos diez años después, mientras Valadez se preparaba para su ordenación diaconal el 10 de agosto de 2022 en la Parroquia de St. Elizabeth Ann Seton en Keller, reflexionó sobre dos factores que lo ayudaron a escuchar el llamado: el tiempo de Dios y su comunidad de fe.
En una ocasión, llevaba un maletín y un alba para el Diácono Juan Reyes, y los feligreses confundieron a Valadez con un diácono. A pesar de las firmes negativas, la gente seguía diciéndole: “¡Buenos días, diácono!”. Cuando el Diácono Reyes regresó, Valadez mencionó la confusión de los feligreses. El diácono coincidió con ellos yle dijo: “Sí, es cierto, yo te puedo ver como diácono”.
Ahora, tres años después de su ordenación, el Diácono Valadez sigue disfrutando de su alegría sirviendo a la Parroquia de All Saints como diácono y coordinador litúrgico, asistiendo al Padre Tim Thompson con los matrimonios y funerales, entre muchas otras responsabilidades y ministerios.
Consciente de su camino hacia el diaconado, pide oraciones a los fieles de la diócesis por las vocaciones: “Porque hay muy pocos, y aunque hasta ahora no han faltado, podría llegar a notarse su ausencia si la comunidad no reza por las vocaciones ni anima a sus hijos a discernir y formarse”.
“No tengan miedo de ayudar a otros a prestar atención al llamado”, instó el Diácono Valadez. “Hay que poner a Dios en nuestras manos, en nuestro mundo, en nuestros círculos, para que podamos tener una mejor respuesta a las vocaciones sacerdotales, diaconales y religiosas”.