La doctrina social católica y la ley de inmigración

De izquierda a derecha, el juez del Tribunal de Distrito Christopher Taylor moderó la mesa redonda con Paul Hunker, ex asesor general del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), y el Padre Samuel Maul, capellán de la Sociedad de St. Thomas More de Fort Worth. (NTC/Richard Rodriguez)
FORT WORTH — ¿Qué es exactamente la doctrina social católica? ¿Cómo deberían reaccionar los fieles católicos ante la inmigración? ¿Cuáles son los cambios en la aplicación de las leyes migratorias?
Las respuestas a estas inquisitivas preguntas se abordaron durante un panel de discusión celebrado el 3 de abril sobre “La ley de inmigración y la doctrina social católica”, organizada por la Sociedad de St. Thomas More de la Facultad de Derecho de la Universidad Texas A&M de Fort Worth. El Padre Samuel Maul, capellán de la sección local de la Sociedad, y Paul Hunker, exasesor general del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), hablaron frente a una audiencia de abogados y estudiantes de derecho.
La inmigración es un tema de gran actualidad, según Courtney Taylor, presidenta y directora ejecutiva de la Sociedad de St. Thomas More de Fort Worth.
La Iglesia Católica tiene una perspectiva única sobre esta cuestión.
La posición de la Iglesia
"La doctrina social católica es un área que pocos comprenden", continuó. "Ésta es una buena oportunidad para repasar o aprender por primera vez los principios al respecto".
La política migratoria sigue siendo uno de los temas más polémicos y trascendentales en los Estados Unidos. La Oficina del Censo de EE. UU. estima que la población nacida en el extranjero (legal e indocumentada) alcanzó en enero de 2025 un récord de 53.3 millones, que representa un 15.8% de la población total del país.
"Dado los esfuerzos que la actual administración realiza para 'arreglar' el problema de la inmigración, existe una gran preocupación por garantizar que se respete la dignidad de los migrantes de nuestro país", explicó el Padre Maul.
Al pedirle que definiera la doctrina social católica, el Padre Maul, párroco de la Parroquia de Santa María Goretti de Arlington, explicó que los principios fundamentales se basan en las palabras de Cristo, las cartas de los apóstoles y las enseñanzas de la Iglesia. En el 2004 se presentó el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, a solicitud del Papa Juan Pablo II, para ofrecer un panorama general de las ricas enseñanzas de la Iglesia católica sobre cuestiones relacionadas con la persona humana, la sociedad, la autoridad política, la economía, el medio ambiente y la paz mundial.
“Siempre que hablamos de la doctrina social de la Iglesia, nos referimos a la aplicación de los principios divinos que recibimos de Cristo a la realidad general que experimentamos en nuestra vida diaria”, afirmó. “Le digo constantemente a las personas que, si intentan determinar qué postura adoptar en la sociedad, recurran a las palabras del propio Cristo y se pregunten: si éstas son las verdades absolutas, ¿cómo nos vemos a nosotros mismos en relación con ellas?”.
Ningún esquema completo resuelve todos los problemas de la inmigración en todos los casos, pero la Iglesia ofrece preceptos mediante los cuales las personas pueden determinar si se adhieren al mandato de Cristo de cuidar al prójimo.
Los documentos importantes que abordan el tema de la justicia social o la inmigración enfatizan varios principios fundamentales, señaló el Padre Maul.
- Se debe garantizar a las personas la dignidad del trabajo y el derecho a acceder a los bienes de la tierra para su sustento.
- El mundo no fue creado para una nación en particular, sino para todos los pueblos. Si bien existen derechos de propiedad privada, tenemos la responsabilidad, por caridad, de cuidar de los pobres entre nosotros.
- Las naciones, si siguen a Cristo, deben adoptar la postura de acoger al extranjero.
- Las políticas no pueden basarse en la discriminación de clase social o raza.
- Las naciones tienen derecho a una frontera segura.
- Todas las naciones tienen la responsabilidad de promover el bien común, no sólo para su propia nación, sino para el mundo. No deben implementar políticas que exploten a los países vecinos o más pobres.
- Se han de abordar las causas profundas de la migración: la guerra, la pobreza y el hambre.
- Lo más importante es que se debe considerar a las personas como personas y no como plagas.
“Éste es un buen principio para basar cualquier decisión moral que tomemos”, dijo el Padre Maul. “Les digo a los feligreses que Cristo es claro sobre cómo se nos juzgará. Debemos alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, cuidar al enfermo, visitar al preso, vestir al desnudo y acoger al forastero”.
'Prudencia es clave'
Paul Hunker, abogado de inmigración que tiene su práctica privada, afirmó que no ha habido ningún cambio significativo en las leyes de inmigración estadounidense desde el 1996, pero sí ha habido cambios en la forma en que se gestiona la aplicación de las leyes migratorias.
Debido a la escasez de recursos, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se centra actualmente en deportar a delincuentes e inmigrantes que representan un riesgo para la seguridad nacional o pública. Si ICE encuentra a alguien que se encuentra en el país sin documentos, los agentes lo detendrán.
Hunker tiene dos clientes que fueron puestos bajo custodia del ICE tras infracciones de tránsito.
"En general, centrarse en deportar agresivamente a todos los que están aquí no es bueno para las familias ni para las comunidades", afirmó. "Tengo clientes que llevan aquí 20 ó 30 años y eso les va a afectar la vida completa".
La cantidad de inmigrantes indocumentados que cruzaron la frontera durante los últimos cuatro años es un problema, admitió el abogado.
"Y existe la idea generalizada de que las personas son el problema", añadió. "Eso es incompatible con el catolicismo. Las personas no son el problema, son la solución para un país, y la economía lo demuestra".
Hunker aboga por una mayor inmigración legal, visas para trabajadores temporales y una frontera más segura.
"Creo que las políticas y leyes de inmigración podrían estructurarse de manera que promuevan el bien común y también permitan que más personas en Estados Unidos disfruten de la libertad de expresión, el desarrollo económico y la educación", aseveró. "Nuestro sistema actual no hace eso. Tiende a llevar a las familias a desintegrarse".
Royce Hansen, feligrés de St. Jude, disfrutó escuchar las opiniones de alguien que formó parte de la organización ICE.
"Aprendimos específicamente cuáles son los verdaderos problemas; y fue fantástico que el Padre Maul nos recordara lo que debe preocupar a los católicos", explicó. "Si algo aprendí de esto, es que todas estas decisiones son complicadas, pero la prudencia es clave".
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