Patrimonio de la fe

North Texas Catholic
(7 de marzo de 2025) Noticias-Locales

Marina González posa con sus tres nietos (Samantha, 13, Ella, 2, y Matthew, 9) alfrente de una estatua de la Santísima Madre en la Parroquia de Most Blessed Sacrament de Arlington. (NTC/Rodger Mallison)

En su autobiografía que fue publicada recientemente, “Esperanza”, el Papa Francisco comienza con un reconocimiento detallado de las luchas y los éxitos de sus abuelos inmigrantes.

De su Nonno Giovanni, aprendió empatía y perspectiva; y de su Nonna Rosa, determinación y religiosidad sincera.

“Es importante que los jóvenes puedan recuperar de sus abuelos, de sus padres y sus madres aquella memoria y aquellas raíces, para que no haya un vacío o para que no se cometan los mismos errores”, escribe el Papa (26).

Asimismo, Marina González hace todo lo posible por compartir con sus tres hijas y tres nietos las raíces de su amor por Dios.

“Por mi parte, aprovecho las oportunidades que tengo para dejarles saber de Dios”, expresa la feligresa de St. Matthew de Arlington. “Llevo a mis nietos a la escuela todos los días y, de camino, aprovecho para decirles que hay que dar gracias a Dios y hay que pedirle a Dios por la familia”.

Sus nietos rezan con ella por los sacerdotes de la Diócesis, por sus maestros, sus amigos y por el mundo. González comparte con ellos su fe en Dios para que encuentren el mismo consuelo que ella aprendió a encontrar cuando era chiquita.

“Mis hijas y nietos sí han pasado momentos difíciles, pero les he dicho y espero inculcarles que con Dios, todo es posible”, comenta González. “Si estás con Dios, Él te ayudará. Siempre saldrán cosas buenas de algo malo que suceda porque así es Dios de bueno y generoso”.

González recuerda a su propia abuela como muy devota, pero también se recuerda que nunca tuvo la oportunidad de sentarse a rezar junto a ella. Sin embargo, la verdadera modelo para compartir las tradiciones de la fe fue su madre, que nunca pasó un día sin rezar el Rosario mientras cuidaba a sus 13 hijos.

“Ella ha sido mi modelo en todo, una gran señora”, asevera la abuela González. “Pero pienso que lo que vi con mi madre, y lo que trato de inculcarles a mis hijas y nietos, es mi anhelo más grande – que ellos sigan sabiendo que Dios existe; que le debemos todo a Él; y, sobre todo, que hay que orar, hay que orar”.

 

ABRAZAR LAS RAÍCES

En la Carta de Santiago, se brinda al pueblo de la Iglesia un mensaje de esperanza y consejo, que dice: “Feliz el hombre que soporta pacientemente la prueba, porque, después de probado, recibirá la corona de vida que el Señor prometió a los que lo aman” (1,12).

Esta corona de vida, apunta el Padre Tim Thompson, puede ser el resultado tanto de la edad como de la sabiduría.

“Con la edad vienen muchas experiencias de vida y, al menos, algunas de las trampas que existen. Uno se espera poder transmitir eso a los nietos”, observa el párroco de la Parroquia de All Saints.

Muchos abuelos de su parroquia de Fort Worth han tomado la iniciativa de asegurarse que sus nietos reciban educación religiosa, señala el Padre Thompson. Su vigilancia desempeña un papel crucial cuando los padres están ocupados con el trabajo o alejados de la fe.

Es también una triste realidad para muchas familias de su parroquia poderse quedar cerca uno del otro entre sus familiares inmediatos, comenta el sacerdote. Esta separación impulsa el aislamiento de todos, lo que provoca una falta de conexión y aprendizaje.

“He visto mucha separación en la comunidad”, asevera el Diácono Alfonso Ramírez de la Parroquia de Immaculate Conception de Denton. “He visto a niños separarse de sus padres y, por supuesto, también de sus abuelos”.

Sin embargo, un momento de alegría para el diácono es cuando ve que los feligreses enfatizan la devoción a los sacramentos, en vez de honorar simplemente una tradición vacía.

“Sí, tenemos que inculcarles el amor de Dios, ésa es la fe primordial, y nuestra vida siempre debe estar acompañada de obras”, dice el diácono. “Y la obra principal que nosotros, como abuelos, como padres, inculcamos a nuestros hijos es escuchar la Palabra de Dios”.

No obstante, hay un delicado equilibrio que uno debe tener en cuenta al cumplir con esta obra, advierte el Diácono Ramírez, quien tambien es abuelo. “A veces, exageramos nuestra manera porque obligamos a nuestros hijos a seguirnos, en lugar de invitarlos. Y eso es lo que podemos hacer, invitar, no obligar, ¿verdad?”

 

DEMOSTRAR UN DELICADO EQUILIBRIO

Hace unos dos años, la nieta de González estaba ocupada con un torneo de voleibol. Mientras tanto, su nieto, que tenía 7 años en ese momento, se quedó con ella y la acompañó para asistir a una Misa vespertina en St. Matthew.

González se recuerda que su nieto se sentó en el primer banco y que estuvo muy atento, mientras la miraba participar en la liturgia como lectora. Después de la Misa, el joven le empezó a hacer varias preguntas sobre la parroquia.

“Grandma, ¿sabes qué? Creo que siempre debo venir a esta Misa porque esta iglesia se llama St. Matthew y yo también me llamo Matthew”, recuerda González que le dijo.

Ella le recordó que la iglesia a la que él asistía con su madre no estaba muy lejos, la Parroquia de Most Blessed Sacrament de Arlington.

Sin inmutarse, él le aseguró: “Un día, vendré aquí cuando sea sacerdote”.

Al escuchar esto, González cuenta cómo le erizo las manos y que le respondió: “Sí, mi niño, que Dios te oiga”.

Para esta abuela, su deseo es que algún día Dios se lo conceda y que ella y su familia puedan verlo.

“Seguimos rezando para que se cumpla”, afirma González. 

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