Arrepiéntete y cree en el Evangelio

El tiempo litúrgico de Cuaresma comienza en unas semanas. Este período consiste en cuarenta días en los que “la Iglesia nos invita a reflexionar, corregir nuestro camino y acercarnos a Dios”. Por eso, es importante que conozcamos y entendamos el significado del inicio de esta especial invitación, que se realiza el Miércoles de Ceniza, “símbolo de penitencia que nos recuerda que, al final de nuestro camino por esta vida, tenemos la esperanza de que Dios nos espera”, expresa la Hermana Susana Islas, MCSH. “Tenemos la oportunidad de reflexionar durante este tiempo y prepararnos para un gran acontecimiento que es la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que es nuestra salvación”, comparte la Hermana Islas, que sirve su apostolado en la Parroquia de Immaculate Heart of Mary de Fort Worth.
Ricardo Romero, originario de Toluca, México, ha sido feligrés de la Parroquia St. Francis of Assisi de Grapevine desde el 2015 y actualmente es catequista. Además, es candidato al Diaconado y está asignado a la Parroquia de St. Philip the Apostle of Flower Mound.
Romero reconoce que a través de su servicio dedicado adquirió “mayor entendimiento” del Miércoles de Ceniza, pues lo veía antes “como una tradición”, pero “al acercarme más a mi fe, fui tomando más conciencia de lo que verdaderamente implica”, asevera. “Es reconocer nuestras faltas y ver la oportunidad de sanar heridas, renovar nuestra fe; comenzar un camino de transformación hacia la alegría de la Pascua”, y, en definitiva, acercarnos día a día al amor de Dios que sabemos es infinito”, agrega.
Recibir la bendición de la señal de la cruz en la frente con cenizas no es un sacramento, sino un sacramental que puede recibirse aún sin estar en estado de gracia; y, por otro lado, si no se recibe, tampoco es causa de falta. No obstante, “sí, es importante porque marca el inicio de los cuarenta días, en los que se nos pide ratificar nuestra relación con Dios con verdadero propósito de conversión,” destaca el Padre Ariel Muñoz-Sánchez, CORC, párroco de St. Matthew de Arlington.
Antiguamente, los judíos se llenaban la cabeza de ceniza y hacían oración, explica el Padre Muñoz-Sánchez. “Era un acto penitencial por los pecados del pueblo”. En la Iglesia Católica “es una invitación al arrepentimiento”. Por eso, se nos dice “acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”; y al mismo tiempo, nos llenamos de esperanza al escuchar “arrepiéntete y cree en el Evangelio”. Así se inicia “un período cuaresmal”, en el que con el Sacramento de la Confesión, la oración y los actos penitenciales como el ayuno, la abstinencia y la caridad, “podemos encontrar conversión, para que el día de la Resurrección del Señor, el Día de Pascua, lo reciban alegres y felices,” enfatiza el Padre Muñoz-Sánchez. Solidarizamos con quienes pasan hambre y con los necesitados. “Esto nos ayuda a quebrantar este corazón duro por el pecado y nos ayuda a alcanzar nuestra salvación. Además, es “imitar a Jesús, ya que para iniciar su vida pública, ayunó cuarenta días y cuarenta noches”, añade, y señala que la abstinencia se recomienda a partir de los 14 años y hasta las personas menores de 59 años.
El Padre Muñoz-Sánchez, que llegó a la Parroquia de St. Matthew en el 2017, se alegra de reconocer que cada año, tanto en las misas como durante las diferentes celebraciones de Liturgia de la Palabra se suman hasta 5 mil personas. Se debe añadir que el aumento, aunque a una menor escala, también se refleja en los días subsiguientes. Por esta razón, “entonces sí hace mella el Miércoles de Ceniza, y se puede ver que algunos captan el mensaje y dicen ‘ya es tiempo de cambiar’”.
Algunas parroquias incluso preparan las cenizas quemando los ramos secos, que feligreses llevan del Domingo de Ramos del año anterior, así como los misales que ya no se usan. Algo verdaderamente muy importante es que las cenizas deben ser bendecidas. Por lo general, se hace durante la primera misa del Miércoles de Ceniza.
Ser Testimonio de Fe
“Con nuestros propios actos y, a través de charlas, se ayuda a concientizar a otros sobre este acto piadoso, y que no se quede en un solo día” apunta la Hna. Susana Islas, pues “el amor de Dios es tan grande y maravilloso, que siempre nos busca; y la Iglesia cada año nos lo está recordando”. Por eso, señala que entre amigos y familia, “podemos tener juntos un propósito”, ya sea ir a Misa juntos todos los domingos, rezar el Rosario, ir al Viacrucis todos los viernes de Cuaresma o acompañarse al ir a confesarse. “Una sola cosa que se haga, ya es un paso a la conversión. ¿Por qué no incluir a alguien más?”, comenta la Hermana.
Roberto Romero apunta que hemos de compartir con otros nuestro “compromiso cuaresmal”, de forma que, aunque ellos no estén aún tomando el compromiso, “sean testigos y observadores de mi transformación y crecimiento espiritual”. Se pueden dar también charlas sencillas en las que “nuestro crecimiento avive en los demás esa chispa que los haga interesarse en profundizar y los lleve a reconocer que Dios siempre tiene sus brazos abiertos a todos nosotros” concluye diciendo.