¿Quién es nuestro prójimo?

North Texas Catholic
(3 de noviembre de 2025) Noticias-Locales

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Una mujer escucha una homilía en la Parroquia de Holy Name of Jesus en Fort Worth. (NTC/Juan Guajardo) 

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No es fácil determinar con precisión de qué manera la aplicación más estricta de las leyes de inmigración afecta a las parroquias y las escuelas de la Diócesis de Fort Worth. No obstante, es posible que conozcamos a personas en nuestra comunidad que hayan sido afectadas, ya sean documentadas o indocumentadas.

Como católicos esto quizás nos ayude a nuestra vivencia de fe porque estamos llamados a amar a nuestro prójimo.

Antes de examinar más detalladamente esta perspectiva con respecto al efecto que tiene la aplicación de las leyes migratorias sobre la Diócesis de Fort Worth, recordemos el enfoque de “ambos/y” sobre la inmigración que el Obispo Michael Olson enfatiza en su declaración del 24 de enero de 2025 a toda la diócesis en solidaridad con la Conferencia de Obispos Católicos de Texas.

En primer lugar, el Obispo Olson reitera el derecho y la responsabilidad que cada país tiene de mantener una frontera segura y de establecer un proceso de inmigración ordenado que salvaguarde las leyes del país.

Él apunta también que: “Nuestro gobierno debe promulgar leyes que incluyan tanto una frontera segura como una política migratoria humana que respeta la integridad y la unidad de las familias”.

El Obispo concluye su declaración con estas palabras: “Por favor, sean amables unos con otros y eviten el lenguaje incendiario y las acciones que no nos ayudarían a actuar con justicia ni misericordia”.

Esto constituye un llamado importante, dada la acalorada retórica que existe en torno a dicho tema.

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El diácono Rigoberto Leyva lleva el Libro de los Evangelios en la Parroquia de St. Philip the Apostle en Flower Mound el 5 de abril. (NTC/Juan Guajardo)

Miedo y resentimiento

Luego de que se implementaran cambios en las políticas migratorias tras la toma de posesión de la nueva administración gubernamental en enero, el Diácono Rigoberto Leyva, Director diocesano del Ministerio Hispano, notó que el miedo estaba impidiendo que algunas personas asistieran los domingos a la iglesia.

Los rumores y las redes sociales tienden a acrecentar el pánico y la ansiedad. El Diácono Leyva, que sirve en la Parroquia de St. Peter the Apostle de White Settlement, observa que, muy a menudo, un comentario casual de un líder político se amplifica y las redes sociales “lo publican de inmediato y todo el mundo habla de ello. Infundimos miedo en nuestra propia gente”.

Sin embargo, el Diácono Leyva reconoce que en los pasados meses, “poco a poco, los fieles comenzaron a regresar a la iglesia, pero aún persisten el miedo y la incertidumbre de lo que podría pasar”.

Los residentes indocumentados están regresando a la vida pública preparados, señala el Diácono Leyva, pues han hecho acuerdos de custodia legal para los niños y añadido nombres adicionales a sus propiedades o cuentas financieras “por si acaso, algo sucediera. Eso es lo que han estado haciendo. Están mejor preparados para lo que suceda”.

Se añade a la inquietud general de los inmigrantes el dolor de ser calificados como delincuentes o criminales.

El Diácono Leyva entiende bien el temor que ellos sienten. Él se hizo ciudadano estadounidense en el 2001; cruzó ilegalmente a los 19 años la frontera de este país; y trabajó en la construcción y reparación de tejados para ayudar a su madre a comprar una casa en México.

Comenta que “Por un tiempo fui ilegal. Siempre intenté hacer el bien. Iba a la iglesia, pero estaba en esa categoría de delincuente”.

“Hay algunas personas que no son buenas. No lo niego. Pero la mayoría de los ilegales llegan aquí pensando en su cabeza: ‘Quiero una vida mejor para mi familia’. Eso es todo lo que quieren”.

“Éste es el sueño americano: superarse y contribuir a la comunidad. Muchos de nuestros compatriotas, muchos —y los conozco—, eso es exactamente lo que hacen. Están contribuyendo a este país”, continúa diciendo.

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La Diócesis celebró una misa especial por el eterno descanso del Papa Francisco el 24 de abril en la Parroquia de Holy Name of Jesus de Fort Worth. (NTC/Juan Guajardo)

Rudeza innecesaria

Felipe huyó de su país natal El Salvador cuando era adolescente para escapar de la guerra civil. Trabajó muchos años como residente permanente legal y se convirtió finalmente en ciudadano estadounidense.

Tiene 71 años y se gana la vida como jardinero en el condado de Tarrant.

Un sábado por la tarde de este pasado julio Felipe se bajó de su camioneta para entrar a una tienda. Llevaba una bota ortopédica y cojeaba porque se estaba recuperando de una cirugía en uno de sus pies. De repente, mientras se dirigía hacia la puerta, tres agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por siglas en inglés) lo tiraron al suelo y lo esposaron y sus rodillas se rasparon en el proceso.

Le confiscaron la billetera y el teléfono, pero se negaron a mirar su licencia de conducir o el pasaporte y lo subieron a una camioneta con otros detenidos, rumbo al Centro de Detención Prairieland en Alvarado.

A eso de las 10 p.m. le devolvieron la billetera, pero no su teléfono, y le dijeron que podía irse. Se fue cojeando por caminos oscuros y desconocidos hasta que encontró una tienda abierta en la que pidió que le dejaran usar el teléfono para llamar a su familia para que lo recogieran.

Pese a que han transcurrido varios meses, Felipe está todavía un poco afectado por esta experiencia. Este sentimiento se agravó el mes pasado cuando un policía lo detuvo. Él nos cuenta que el agente miró su licencia de conducir, se la arrojó y se fue.

“No estoy enojado; no odio. Soy una persona pacífica, ¿sabes? Están haciendo su trabajo, pero no tienen por qué hacerlo así”, asevera.

Felipe es católico y afirma que su fe lo ha sostenido en circunstancias muy difíciles. “Fe, no puedo expresar cuánta fe tengo. No hago nada sin antes rezar”. Señala hacia arriba y añade: “Ése es mi Dios; ése es mi todo”.

Friar Feliciano Torres Castro, OFM Cap.
Fray Feliciano Torres Castro, OFM Cap., se desempeña como párroco de Nuestra Señora de Guadalupe en Fort Worth. (NTC/Juan Guajardo)

Mantener la calma y la fe

Fray Feliciano Torres Castro, OFM Cap., se desempeña como párroco de Nuestra Señora de Guadalupe, una concurrida parroquia en el norte de Fort Worth que ofrece cuatro misas en español y dos en inglés todos los fines de semana.

“Todas las misas en español están llenas, siempre abarrotadas”, apuntó. “Pero la gente tiene miedo ahora mismo. Nadie quiere salir mucho. Aun así, la asistencia a la iglesia ha aumentado. Curiosamente, la gente se siente segura en la iglesia”. 

Como párroco, el fraile brinda apoyo práctico y espiritual a sus feligreses.

La parroquia ofrece clases de ciudadanía para quienes califican y Fray Torres dijo que hay una cifra récord de aproximadamente 70 personas inscritas. Anima también a los feligreses a aprender y mejorar su inglés; tarea que él hace para sí mismo casi todas las noches.

El fraile atiende también el aspecto espiritual de ellos y explica que “Seguimos animándolos a mantener la calma. Dios está con nosotros y la Iglesia está aquí para ellos. Siempre les digo a las personas: Mantengan la calma; sean fieles; recen; compórtense bien; paguen sus impuestos; vivan en paz. Sean educados, amables. Lleven su vida con normalidad, pero estén preparados, porque nunca se sabe”.

Nos comparte que “Inmigración incluso vino una vez a verificar mi propia situación; querían confirmar que estaba legalmente aquí y que estaba haciendo mi trabajo. Todo estaba bien”.

Fray Torres Castro recurre a su formación como fraile franciscano al ejercer su ministerio con inmigrantes que están viviendo en un ambiente de mucha ansiedad. “Ésa es mi misión: ser un instrumento de paz. Y tenemos que decir no a la violencia. Eso es muy importante. Y aprender a expresar las emociones y los desacuerdos. A veces, no estoy de acuerdo, pero lo expreso a través del diálogo, no de la agresión”.

Students at Cassata
Los estudiantes hacen su trabajo en clase en Cassata Catholic High School el 11 de abril de 2024. (foto del archivo de NTC/Juan Guajardo)

Detenidos, descarrilados

Pese a que la Escuela Preparatoria Católica Cassata tiene una matrícula que apenas llega a los tres dígitos, ya ha tenido tres casos relacionados con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

El incidente más reciente ocurrió pocos días antes del inicio de clases en agosto. Se trata de Lucía, una estudiante de último año de Cassata, que llamó a la escuela para dejar saber que sus padres, quienes habían trabajado en los Estados Unidos por más de 20 años, habían sido detenidos por ICE ese fin de semana. Sus padres decidieron regresar a su país de origen porque les preocupaba mucho la posible duración de la detención y el costo del proceso legal. 

Lucía llegó a hablar por teléfono con su madre, que le dijo con profundo dolor: “Hija, tienes que ser fuerte; tienes que criar a tu hermana de secundaria como si fuera tuya”. 

La directora de Cassata, Julianna McConegly, explicó que la escuela actuó sin demora. “Pasamos la primera semana de clases simplemente asegurándonos de que Lucía recibiera inmediatamente la asistencia que necesitaba y nos ocupamos de conseguir ayuda legal para que pudiera obtener la custodia de su hermana. Fue de gran ayuda que tuviera 18 años”. 

El personal de Cassata también programó las citas para obtener el pasaporte de Lucía y de su hermana, para que así pudieran ver a sus padres en el futuro.

McConegly se comunica con frecuencia con Lucía. Ella completó sus requisitos de graduación hace unas semanas y comenzó a trabajar doble turno para poder mantenerse a sí misma y a su hermana. 

La directora señaló que “Éste debería haber sido uno de los momentos más felices de su vida por terminar la preparatoria; en cambio, ahora está bajo una enorme presión y estrés, sabiendo que es responsable de su hermana”.

Si bien Lucía y su hermana eran ciudadanas estadounidenses, dos recién graduados de Cassata que no eran ciudadanos fueron también detenidos. Ambos eran bebés cuando llegaron a los Estados Unidos.

Uno de ellos acababa de completar sus requisitos de graduación cuando sufrió un accidente automovilístico leve. La policía lo entregó a la agencia de ICE, donde permaneció varios meses hasta que salió bajo fianza. No pudo graduarse y sus planes de estudios universitarios se descarrilaron. 

Otro graduado de Cassata trabajaba como mecánico y se casó con una ciudadana estadounidense. Cuando nació su hija, sintió que estaba viviendo su sueño. Sin embargo, al salir del trabajo un día durante la primavera, la policía lo detuvo para preguntarle sobre un delito ocurrido en la vecindad. Lo entregaron a la custodia de ICE y aún permanece detenido.

McConegly dijo que ella y otras personas de Cassata han escrito varias cartas de apoyo para sus dos estudiantes graduados detenidos.

Estas experiencias le demuestran a McConegly que: “Esto es real. No se trata sólo de personas sin nombre ni rostro. Son buenos chicos que intentan salir adelante y contribuir a nuestra comunidad”.

Baby held by dad
Un bebé mira hacia el altar en la Parroquia de Holy Name of Jesus. (NTC/Juan Guajardo)

Cautela y desconfianza 

En los 10 años que lleva como profesora de inglés en la escuela secundaria Lamar de Arlington, Sarah Scheibelhut se ha enfrentado a desafíos que se originan fuera del ámbito escolar. El mayor de ellos fue el aprendizaje remoto durante la pandemia.

Scheibelhut ha tenido siempre en su aula inmigrantes procedentes de países hispanohablantes, de Vietnam y de las Filipinas. Pasaban anteriormente sus dos primeros años en un centro para recién llegados, cuya enseñanza se centraba en el aprendizaje del inglés. Este año “Van directamente a mi aula. Puede que no hablen nada de inglés, pero aún así tengo que enseñarles la obra ‘Macbeth’”. 

Scheibelhut ha observado que una mayor cantidad de estudiantes inmigrantes se alojan ahora con amigos de la familia en lugar de con sus padres. “Carecen del apoyo que necesitan para tener éxito en la escuela”, comentó. 

Scheibelhut, feligresa de la Parroquia de St. Jude de Mansfield, apuntó que en general, “Los estudiantes confían menos en los adultos y en el sistema escolar. Siento que desconfían de todo”. Ella se esfuerza para que su aula sea un lugar donde los estudiantes se sientan respetados, valorados y cómodos. “Siempre he creído que ésta es mi Calcuta”, aseveró, refiriéndose a la dedicación de Santa Teresa de Calcuta a los pobres. “Mi misión es ser Cristo para estos niños; mi meta es ser los brazos y las manos de Jesús. Intento amarlos donde están; darles lo que necesitan, tanto como puedo. Quiero darles un espacio donde se sientan seguros”. 

Deacon Mauricio Hernandez
El Diácono Mauricio Hernández en la Parroquia de St. Stephen de Weatherford. (NTC/Juan Guajardo)

Ciudadano de cinco estrellas

El Diácono Mauricio Hernández sirve los fines de semana en las comunidades de tres parroquias, Assumption of the Blessed Virgin Mary de Decatur, St. Mary de Jacksboro y  St. John the Baptizer de Bridgeport. Prepara durante la semana a los hispanohablantes para recibir los sacramentos y oficia funerales, bodas y quinceañeras en la Parroquia de St. Stephen de Weatherford.

Cruzó la frontera ilegalmente por primera vez en el 1986 y se naturalizó en el 2015. “Todos esos años estuve sin papeles. Dada mi situación legal, para protegerme, tenía que ‘ser invisible’”.

El Diácono Mauricio alienta a los inmigrantes a que “sean ciudadanos de cinco estrellas en este país” y obedezcan las leyes de tránsito, que eviten reunirse en grupos grandes y que no escuchen música estruendosa.

“Primero, pongan su fe en el Señor. Si lo hacen todo bien, no se preocupen. Para nosotros, los inmigrantes, la iglesia es el único refugio que encontramos en este enorme mar”, señaló.

Enfatizó que los inmigrantes deben mantener “un sentido de agradecimiento hacia los Estados Unidos, en donde tienen la oportunidad de trabajar, apoyar y sustentar a su familia. Aprecien eso”. 

Bishop Olson in street with others
El Obispo Michael Olson y más de 3,500 fieles toman parte el 8 de diciembre del 2024 de una procesión en la Parroquia de Immaculate Heart of Mary de Fort Worth y sus alrededores en honor a la Inmaculada Concepción y Nuestra Señora de Guadalupe. (NTC/Juan Guajardo)

Respaldar a la Iglesia 

La Biblia, el Catecismo de la Iglesia Católica y la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos nos hablan extensamente sobre cómo tratar a los migrantes con la dignidad y el respeto que merece toda persona, hecha a imagen y semejanza de Dios.

El Obispo Olson, en su editorial de la edición de septiembre/octubre del North Texas Catholic, afirmó: “La distinción entre los delincuentes que han estado involucrados en el tráfico de drogas o de seres humanos y las personas que han llegado a nuestro país sin autorización legal y que han trabajado productivamente entre nosotros, a veces durante décadas, es una distinción importante para una reforma migratoria justa, razonable y compasiva”.

“La Iglesia Católica defiende los derechos de los inmigrantes, añadió el Diácono Leyva, y los miembros del Cuerpo de Cristo deben alinear su actitud con las enseñanzas de la Iglesia. 

“Si aprendiéramos a ver y acoger a los inmigrantes como nos enseña el Evangelio, la Iglesia y nuestras comunidades estarán mucho mejor. Hemos de tomar la iniciativa de dar un paso adelante, dejar atrás nuestros miedos y aprender a ser más humanos. Necesitamos ver la humanidad de Jesucristo; Él vino a enseñarnos a cómo vivir a plenitud nuestra propia humanidad”. 


Nota de la editora: Las fotografías se utilizan sólo para fines ilustrativos y los nombres de Lucía y Felipe se cambiaron para proteger su anonimato.

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